lunes, 25 de julio de 2011

Saudade


Me negaste hasta ese punto
ya lejano en la distancia,
llenando de vacío los rincones de una estancia
cuyo arquitecto soñó y olvidó de su existencia
en honor a la ignorancia.

Rancio abolengo de esperanzas abolidas
por una ley que menta al recuerdo
de lo fugaz y lo eterno,
de lo falaz y lo cierto,
de lo inconcluso y ajeno,
memorias desde el averno.
Paraísos encontrados que funden su alegría en negro
para después despertar del más humilde de los sueños
y saberse, si bien nobles, también barro entre los cerdos
y ladrillo en las cabañas que dan cobijo a los siervos.
Recuerdos abstemios de comportamientos ebrios, 
sumidos en la locura,
y a pesar de todo...
Cuerdos.

Saudade.
Melancolía.
Nostalgia vacía de memorias y momentos
que nunca llegaron a ser,
vacías mentiras que en virtud de los sarmientos
con los que sujetan tus pies
incapacitan los pasos por ese camino incierto
cuyo final...
Nunca fue.

Saudade,
voz de los muertos.
Con tu cantar deshonesto
me llevas a desandar
mis más sinceros aciertos
para encontrar,
al final,
que hice siempre lo correcto
al desoír tu cantar.
Saudade,
lleva mi genio,
¡Yo portaré tu arma!
Alimenta tus caminos con mi habla,
prodiga tus jardines con mis más tiernas palabras
y hazlo bien, sin escuchar los consejos
de la gente sin entrañas;
pues sólo así,
derrotada al fin,
caerás sobre la hierba a la espera de la escarcha,
del perlado albor del alba
y de la belleza extrema de la por ti cruel mañana.
Saudade...
Sucumbe.
Entona para mí un aria
que yo enarbolaré tu espada:
Filo cuántico de los destinos
que manejas al azar con tus manos desalmadas.

Vale, perdón, últimamente estoy poético, debe ser la primavera, que no llega (por ejemplo).
Para los que os lo estéis preguntando, Saudade es un término de origen portugués muy jodido de traducir a otros idiomas; una especie de nostalgia o melancolía que el escritor luso Francisco Manuel de Melo definía como "bem que se padeçe y mal del que se gosta" (bien que se sufre y mal del que se disfruta) aunque, personalmente, me quedo con la traducción de Jean-David Morvan en la novela gráfica (es decir, "tebeo" en plan chachi) Saudade, protagonizada por el clasicazo Lobezno de Márvel, en la que venía a decir que Saudade es un término brasileño de difícil traducción, la nostalgia de las cosas que nunca han sido y la melancolía por aquella felicidad que habríamos podido tener la suerte de llegar a disfrutar... En otro universo de probabilidades (¿pilláis ya lo de cuánticos destinos? Aish...)

Altamente recomendable, si lo véis, haceros con él al instante.
En seeerio... Os vais a alegrar.
Así que si alguna vez estáis tontorrones y no sabéis por qué (por ejemplo, os mandan a la mierda oootra vez de una agencia literaria en la que teníais puestas tooodas vuestras esperanzas... Otra vez, sí, otra vez, puta crisis) ya podéis ponerle un nombre a ese sentimiento.
Uf...
Saudade... Qué jodía.

¡Un fuerte abrazo y buen inicio de semana!

domingo, 24 de julio de 2011

Mariquita o tontolculo.

Como todos ya sabéis -qué leches, el 99% de lectores de este blog sois chicas, y más de la mitad potingueras-, tengo una venita femenina por ahí que hace que me llame mucho la atención todo ese rollo del maquillaje y los productos de belleza.


Gracias a muchos de vuestros blogs he aprendido mazo y he añadido a mis "productos de belleza" (léase por este orden: Gel, desodorante, cuchillas, aftershave y colonia) otros productos tales como crema para las asperezas del codo -¡que ya han desaparecido del todo! ¡Gracias, Gadi!-, cuchillas de mayor calidad, geles de afeitar especiales para pieles sensibles -aunque lo mío sea más bien cuero viejo-, perfumes de gama un poco más alta y, finalmente, hidratantes faciales.

Pinchas, papá

El caso es que lo de las hidratantes faciales no ha sido, como quien dice, decisión propia, sino que más bien ha sido fruto de la pura casualidad: Estaba en Cádiz, me había dejado los cacharros de afeitar en casa y encontré un pack bastante interesante de maquinilla y recambio de gillete Fusion Proglide con gel de afeitar para pieles sensibles y crema hidratante energizante por poco más de cinco pavos. Teniendo en cuenta que la cuchilla barata más la espuma barata me salía por casi lo mismo, me lancé de cabeza a probar el producto.

Un buen regalo para vuestros chicos 
y para vuestras mejillas, ya me entendéis...

Y bueno... Me gustó el resultado: piel nada tirante, muy suavecita y afeitado que dura más.
Hasta aquí todo perfecto.
El problema surge cuando, pensando que la crema no es eterna, me pongo a buscar una alternativa a la hidratante. La repolla, porque descubro que según los publicistas de las cremas masculinas los tíos somos gilipollas y, lo que es peor, unos acomplejados de cuidado. ¿Exagero? Los cojones. Echadle un ojo a las publis de las cremas "para machotes": Triple energy, energizer total, strong energy, Triple X Energy Total Force Power... ¿Qué mierda es esta? ¡Que lo que quiero es una hidratante, joder, no un paquete de pilas! No, en serio, es que me siento idiota cuando veo esas chorradas, porque vamos a hablar claro: Una hidratante no te da energía, no te carga las pilas, no te llena de power, no hace que aguantes más en el curro, ni te la pone más gorda ni hace que folles mejor. Lo único que hace es que tengas la piel más suavecita y agradable.

-Pues sí que está suave, sí...


Y punto.
Si esto os supone un problema, volveos a la cueva, majos, pero por favor señores publicistas de cremas hidratantes para hombres, dejense de chorradas y de insultar nuestra inteligencia, ahorrense los powers, las XXX, los force y los energyze que te cagas por la patilla, por favor, y digan, simplemente, el tiempo que dura la hidratación. Habrá quien piense que la cosa pierde feromonas y gana feminidad, pero qué cojones: personalmente, prefiero sentirme mariquita a tontolculo.
 Así que, sintiéndolo mucho por los señores de Gillete, no todos los tíos somos unos machotes descerebrados aficionados al deporte...

Algunos, simplemente, preferimos el baile.

Muchas gracias.

viernes, 22 de julio de 2011

Spieël

 
Tu nombre es Spieël.
Te reconozco.
Te reconozco en los sueños infructuosos que se arremolinan a mi espalda,
en las tardes vacías que amenazaron con asfixiarme,
en los textos legendarios que se perdieron en horas pasadas,
en las risas de los viejos amigos que a mis espaldas cobraban
treinta monedas de plata cada vez que me entregaban.
En el miedo que a veces me embarga,
en el dolor de la distancia,
te reconozco,
Spieël.
Eres las horas que lentas pasan en la eterna espera
o, más que eterna, milenaria,
la risa floja con la que enmascaro mis temores,
mis carencias y mis falacias;
el dolor de no saber o de saber más que nada,
el retrato de un olvido que no llega a mis palabras.
...
Te maldigo.
Spieël,
Fría imagen del mundo, distorsionada y rajada.
Un reflejo,
una grieta en el espejo,
olor a viejo,
el dolor de saberme inútil,
la proximidad de la tumba
y el acre sabor del miedo...
El volver a tocar fondo
y a levantarme de nuevo.
Y otra vez... Al final del pasillo: Tú.
Estoy cansado de ti.
Y te conozco,
Spieël.
Eres el dolor de un domingo con los deberes sin hacer,
la tristeza de una habitación vacía suyas sábanas hay que recoger,
la rima sencilla y burlona de infinitivos pegados,
el dolor de saberme inútil y cansado,
los participios odiosos,
las letras que llenan, estúpidas, mis rincones,
el hielo que escarcha mi alma
y hiela nuestros corazones.
El color dulzón del alba,
la melodía vendida,
la soledad vacía y el llanto acre de una inhóspita llamada.
Spieël.
Ahógate.
No eres más que ese recóndito sitio
al que van a parar mis lágrimas cuando dejo de llorar.

miércoles, 20 de julio de 2011

Para ser conductor de primera... Rápate, tron.

Me llamo Rafa.
Tengo 33 años.
Y no tengo carnet de conducir.
(Se escuchan llantos, exclamaciones y risitas contenidas entre el público)


No voy a enrollarme demasiado sobre el tema, baste decir que en su momento no me pareció importante y había otras urgencias más importantes. Luego, cuando llegamos a Ciudad Real, no nos pareció necesario: La metrópoli no es lo que se dice tocha... dejémoslo en que no da como para hacer carreras por el polígono, precisamente, así que no me pareció importante... Hasta ahora, claro, que es lo que tienen los niños, que todavía no han llegado y ya están chupándote horas, los muy.
Así que después de conseguir un chollazo de coche (muchísimas gracias, Silvia) -que ya sé que suele ir primero el carnet y después el coche, pero uno siempre ha sido raro-, nos tocó ir a buscar autoescuela (esto... ¡¡Gracias, Silvia!! Y van dos, jejeje). 
Y eso de la autoescuela... Toda una odisea, pisha.
Porque a ver, yo creo que no es tan difícil: ¿Sé conducir moto? Sí. ¿Sé conducir coche? No. 
Sencillo, ¿verdad? Pues al parecer no, porque cuando uno tiene esta cara 

Tienden a confundirlo con otra persona. 
A mí me gustaría pensar que me confunden con estos dos...

 
 
Aunque algo me dice que me confunden más bien con este:


Porque en todas las autoescuelas me vinieron a preguntar lo mismo:
–Pero... ¿Tú sabes conducir no?
–Coche no, moto sí.
–Peero... has conducido coche ¿no?
–Un seat 131 (lo confundí con el 124 de mi padre, jajaja), no llegó a la hora, con dieciséis y no me acuerdo.
–Peeero... Sabes conducir coche, ¿no?
–Señora, asome el cuello y lea la respuesta de arriba, por favor: NO!
–Es que hay gente que sabe conducir pero se saca el carnet ahora que está la cosa jodía.
–Pues no es mi caso.
–Ya. Entonces, por dejarlo claro... ¿Sabes conducir coche o no?


Aish, yo pensando que ya estaba convirtiéndome en una persona normal y al parecer sigo teniendo pinta de magui poligonero. 
Mu triste.
Por lo menos ya tengo matrícula y mañana empiezo el cursillo intensivo para examinarme en septiembre de los dos, a ver si va bien la cosa y en breve estoy en la carretera para pavor de los controles de alcoholemia. Sí, no me miréis así: visto lo que me ha pasado en la autoescuela apuesto cien contra uno a que me va a pasar como en el capítulo de fresh prince en el que paran a Carlton por ser negro y conducir un coche caro, y es que ya me veo que me van a parar en todos los controles de este jodido país.
Y se van a llevar un chasco, porque por mucho que me guste el burbon... Si bebes, no conduzcas.

Pues eso.

martes, 19 de julio de 2011

Una de mar y otra de arena

“Te despiertas temprano, el día te sabe a tierra y humedad, a rocío de albaricoques e hibiscos, a cloro de piscina y a ese aroma tan verde, como de seto, que se puede respirar en todos los residenciales de interior.
Limpias la casa con una sonrisa, con especial atención a los rincones pues incluso tan sólo cuatro días dan para mucho cuando las arañas hacen su agosto –aunque sólo sea julio– a la hora de tejer sus finos hilos al infinito. La comida te sabe a un poco que se convierte en mucho en el taxi.
Maletas, aviso a los vecinos, ruidos... 
Y hasta luego.
Hasta luego para sentarte al tren, o en el tren, o en ese asiento de segunda, algo sucio y aún ajado por el viajero anterior. Te sabes incapaz de prestar atención a la película que se emite en la distancia, más atento a los ronquidos y las frases a medias, a las chicas de interior que empiezan la fiesta en el tren –ay, el Puerto...– soñando a golpe de cubata con un gaditano morenazo y algo gitano, con colgantes de coral y coco, pendientes de madera y tintos de verano y mojitos al anochecer en la orilla.
Verano...
Poco a poco somos víctimas de un cambio imperceptible en el ambiente al cruzar Despeñaperros: Una súbita levedad en la presión, una atmósfera distinta de calor, una coloración nueva del cielo, ese algo indescifrable y distinto que dejaron los omeya antes de partir de vuelta a la patria.
Al Andalus... 
Y pasamos por Córdoba y Sevilla, por Dos hermanas, Jerez, el Puerto...
Y una voz, el heraldo que siempre canta aunque nadie haya en el vagón, se parafrasea a sí misma una y otra vez en el tiempo:
–Ya se ve Cádiz. 


Es entonces cuando sabes que vuelves al hogar, tal vez ya no tu hogar, pero sí ese hogar de la juventud, esa vista del parque desde la casa de tus padres, el mismo parque en el que los primeros besos y las primeras riñas fueron todo lo que necesitaste para convertirte en lo que ahora eres. 


Sabes que ha llegado el momento de abrazar la arena con las manos, con los ojos abiertos entre las brumas saladas del mar, hinchados los pulmones con la alegría de un aire que huele a algas y a verano, a vacaciones y a vida. Sabes que luego llegará el descanso, la noche con sus copas y sus sorpresas Esos recuerdos, a veces dulces y a veces amargos; esa brisa de estrellas que te embriaga aún más que la copa que sostienes mientras miras retador a las olas oscuras cuya presencia delata las blancas crestas de una espuma tan antigua como el amor. Sabes que luego vendrá la ternura, las conversaciones en familia, los paseos con la sobrina, los juegos con su primastro en la playa, la visión de unos padres que ahora abrazas con más fuerza, como si tuvieras miedo a perderlos...


Y con todo esto, como no podía ser menos, viene la inspiración. Una inspiración no exenta de tristeza, manchada por esos días en los que el mundo apenas te dejaba respirar, una inspiración que gusta y duele a partes iguales, como ha de ser, pues no puede existir genio sin tortura y sólo de los errores nacen las mejores decisiones. Sabes que la cabeza te funcionará a mil, que la mirada se perderá encontrado las piezas que le faltan a esa clave que ronda en tu cabeza. Sabes que todo funcionará como debe ser.
...
Porque alguien acaba de decirlo:


Ya se ve Cádiz”.

     Y lo dicho, ya estoy de vuelta. He encontrado más de lo que necesitaba y encima hemos disfrutado unas vacaciones que bien falta que nos hacían. Reconozco que tal vez el texto me haya quedado un poco demasiado poético, pero qué queréis, hoy estoy un poco tontorrón: Este fin de semana recibimos la visita de unas personas muy especiales y ahora me siento como el protagonista de ese clásico adagio que reza que son mejores las pesadillas que los dulces sueños, pues así el despertar no resulta tan doloroso.
Han sido unos días geniales en Cádiz y un finde tan bonito en Ciudad Real con ellos que, ahora que el martes finalmente me ha despertado, sé que les echaré de menos. 

Un abrazo a todos y buen inicio de semana!!

Y tú ya sabes, Shei... ya estáis tardando en volver, niña ^_~




viernes, 15 de julio de 2011

Más viejo, más sabio y más feliz.

Pues ya estoy de vuelta, y sí, lo digo bien: de vuelta, porque al final nos dió el siroco y, aprovechando el parón digital, Eva se pilló unos días y nos fuimos para Cádiz. Ah... Cádiz... Joder, cómo me mola mi tierra: mucho sol, más aún de playa, garrafón chirigotero, chiringuito lunar whiskisero y... bueno, ya no se me ocurren más chorradas. 
Al fin y al cabo esta es una actualización flash, sin fotos, que las hay y guapismas, y casi sin tiempo, que aún me queda mucho por hacer y este finde va a ser de los buenos.
Tan sólo avisaros de que sigo vivo, de que la novela ha pegado un salto gigantesco, mortal y con tirabuzón (muchísimas gracias por los ánimos), y de que el lunes, esta vez sí, volveré a estar a full en el blog y a contestar los vuestros, que algo he ido leyendo ya.

Un abrazo y feliz finde!! 

viernes, 8 de julio de 2011

Juanito y los derechos humanos.

"Juanito era un chico normal, uno de tantos que caminan sobre la faz de la tierra: Sacaba unas notas mediocres, no destacaba en los deportes, sabía perderse en un buen libro y disfrutar de una peli de acción; compartía su tiempo entre los videojuegos y algunos amigos, se sentía feliz en verano al paso de una minifalda o un escote generoso, discutía con sus padres, pasaba algunas noches en vela...
Lo normal. 
Lo que Juanito tenía diferente, lo que le hacía especial, o al menos eso creía él, era la rabia. No la rabia de Mister Furioso, de ese Ben Stiller en Mistery men, pero casi: Una rabia que surgía ante la injusticia y la arbitrariedad social, ante el dolor ajeno, el abuso y la explotación, porque Juanito era, sobre todo y ante todo, una buena persona. Y por eso se rebelaba cuando el gobierno a través de la SGAE y viceversa le obligaba a pagar el canon por una caja de CDs saltándose el principio de presunción de inocencia al asumir, sí o sí, que Juanito iba a piratear. Por eso se indignaba cuando alguien en un autobús hacía un comentario racista sobre esos "putos chinos", porque Juanito pensaba que, a fin de cuentas, los chinos no hacían más que trabajar y sonreír a pesar de la mala educación y los malos modales que los compatriotas españoles de Juanito, los más zafios, brutales y débiles mentales, esgrimían contra los orientales. Por eso explotaba de ira cuando se enteraba de que habían vuelto a expatriar a un rumano por el simple hecho de cumplir con su trabajo de vigilante en un almacén nocturno, lloraba cuando alguien era apaleado por razón de su color y, a pesar de no tener ningún amigo gitano, Juanito sabía a ciencia cierta que todos, al fin y al cabo somos iguales.
Porque sí, sobre todo y ante todo, Juanito era una buena persona. 
Y un día, Juanito creció.
Creó con toda ilusión un portal web de intercambio de mascotas virtuales, nada serio al principio, un simple hobby, por ayudar a los demás. Y un buen día, casi sin darse cuenta, el portal empezó a dar dinero. Primero fue la simple publicidad de una tienda local, después una web de descargas, más adelante un taller de reparaciones de alta tecnología, luego las diversas marcas de mascotas virtuales comenzaron a invertir en él.
Y empezó a ganar pasta.
Otro buen día Juanito descubrió que si eliminaba los enlaces a otras páginas amigas podría quedarse con el monopolio del mercado, y poco a poco fue eliminando dichos enlaces. Luego descubrió que si la gente que comentaba en su web seguía enlazando a páginas externas seguiría perdiendo dinero, así que recortó esos comentarios. La gente se quejó, por supuesto, pero Juanito lo tenía todo pensado: kick-ban kick-ban kick-ban... poco a poco fuer eliminando a los usuarios que le molestaban, suprimiendo sus comentarios e incluso modificando sus perfiles y sus palabras para que dijeran lo que él quería leer.
Y así, poniendo límites a esa libertad de expresión que creía adorar, Juanito empezó a ganar PASTA... Y se hizo rico.
Contrató a un arquitecto amigo suyo para que le diseñara la casa de sus sueños, una residencia colonial en lo alto de un monte de la Alpujarra, o puede que en Alcalá, ¿tal vez por el Tividabo? El arquitecto le propuso un grupo de albañiles muy profesionales, pero Juanito prefirió contratar a un grupo de mano de obra barata que un capataz sin escrúpulos le propuso de tapadillo. Era posible que los chavales -la mayoría estudiantes y licenciados inmigrantes- no cobraran su sueldo, era posible que no estuvieran dados de alta en la seguridad social y que en caso de accidente un boquete en algún descampado fuera la mejor opción, pero bueno...
Él les estaba dando trabajo.
Cuando la casa estuvo terminada, el capataz huyó con el dinero y los albañiles se pusieron en huelga en la puerta de su casa, así que Juanito, todo indignado él, llamó a los de inmigración para que le sacaran del apuro, porque, a fin de cuentas, sobre todo y ante todo, Juanito era una buena persona.
Con el dinero que sacaba de la web y lo que había ahorrado en “b” en la construcción de la casa, Juanito decidió montar una empresa diferente para desviar fondos, y como la chica que le gustaba era una enamorada de los zapatos, Juanito montó una zapatería de alto estanding en pleno centro para surtir a su futura prometida de todo el calzado que pudiera desear. La cosa fue viento en popa y Juanito se olvidó de la web, que ahora estaba en manos de programadores profesionales. 
Un día, puede que un buen día, más bien uno malo, llegó la crisis y la zapatería empezó a hacer aguas. La gente no tenía dinero para gastar, le decían, pero entonces... ¿Por qué en la tienda de al lado, en la de los chinos, la gente seguía comprando zapatos? Juanito no podía entenderlo, seguramente por eso volvió a las cuatro de la mañana en busca de respuestas, cuando las únicas luces que iluminaban la calle eran las de la oxidada farola, la del interior de la tienda de los chinos y la de la potente llama del mechero Ronson de oro y pedrería que acercaba lentamente al trapo empapado en alcohol que salía de la botella de benzina que llevaba en la mano izquierda.
Juanito volvió a sentir la rabia. Mientras el cóctel molotov volaba en arco girando en círculos ardientes contra la tienda de los "putos chinos", Juanito supo que estaba haciendo lo correcto porque, a fin de cuentas, sobre todo y ante todo, él era una buena persona.
Y tú... 

¿También eres una buena persona?"


Y fin, espero que me perdonéis el cinismo, pero es que el calor me pone existencialista total. Por cierto, antes que me olvide, voy a pillarme cuatro días de apagón digital para centrarme en una novela que estoy empezando y no paso el capítulo I, así que hasta el miércoles estaré desaparecido. Si necesitáis algo, lo que sea, dejad un comentario aquí, que me avisa a mi mail personal y ya me pongo en contacto con vosotros. Si no, lo dicho, nos vemos el miércoles de nuevo. Un abrazo tochismo, pasad un finde de puta madre y que vaya genial el inicio de semana. 
Ta lue!

PD Isabel, Adrierika, muchismas gracias por entrar. En cuanto vuelva tengo que mirar vuestros blogs, que me sabe mu feo no devolver el comentario, pero lo dicho, muchas gracias. 
PPD Anna, pues nada, vodka negro on the rock y caldito de pollo para el próximo boom comercial (con lo rico que están el gazpacho y la absenta, sigh!) Un besote!
PPPD Muchas veces os he comentado en vuestros blogs (puede que en este también) que hace unos años me descoloqué y pasé una depre de caballo... pues bien, la foto que ilustra este blog me la tomaron con una reflex en esa época. La persona que me la tomó amplió el careto y me lo envió diciéndome que algo iba mal: estábamos de copas, tranquis, y yo tenía esa cara. Mal rollo, con lo cachondo que solía y vuelvo a ser...
¿A dónde voy con esto? A que me he encontrado esta foto navegando por flogs antiguos y no he podido evitar pensar un poco en todo lo que pasó, así que os doy un pequeño consejo: Cuando un amigo os advierta de que estáis perdiendo el norte, escuchadle, porque eso significa que ha llegado la hora de cambiar de rumbo. Y por ello, a pesar de todo y de todos, Gracias, Isra. (y Shei, y Eva, y Patry, y Danny... sí que había hablado de esto en el blog, sí)
 
Y ahora sí... ¡¡A disfrutar el veranito, niños!!