martes, 5 de julio de 2011

La SGAE en tela de juicio.

Fraude en la Sociedad General
de Autores y Editores. 

Tedy Bautista y ocho imputados de la cúpula de la SGAE podrían enfrentarse a más de diez años de prisión.

El pasado viernes saltaba la noticia de la que se hacían eco todos los noticiarios del país: Tedy Bautista y ocho miembros de la cúpula de la SGAE –entre ellos José Luís Rodríguez Neri, ex-alto directivo de la sociedad; Enrique Loras, director general y Ricardo Azcoaga, director financiero– eran detenidos y llevados a la comandancia de Tres Cantos, Madrid, y a un cuartel de Las Rozas, donde presuntamente pasaron la noche y prestaron declaración por un presunto delito de malversación de fondos y apropiación indebida.

 Teddy Bear, quien niega cualquier parentesco con Teddy Bautista, 
se ha negado a hacer ninguna declaración para este medio.

Posteriormente los acusados serían puestos en libertad con cargos, previas medidas cautelares tales como la destitución de sus pasaportes, la prohibición de abandonar la ciudad y la señalización de un domicilio fijo y un número de teléfono en el que localizar a los imputados.
Según fuentes de la investigación, la SDAE (Sociedad Digital de Autores y Editores sobre la que ya pesaban varias denuncias), se encargaba de redirigir los fondos económicos de la entidad hacia otras sociedades y empresas de las que eran beneficiarios los directivos imputados, incurriendo así en un delito societario y de patrimonio al arrebatar parte de los fondos de la SGAE redirigiéndolos a las mencionadas empresas.

Operación Saga, una odisea.
La investigación se inició a instancias de la Audiencia Nacional en marzo de este año con la nada despreciable cifra de cincuenta agentes involucrados. Tras una profunda investigación de la Guardia Civil, el pasado 30 de junio se decidió que había llegado el momento de pasar a la acción.
Después un registro de más trece horas en las oficinas de la SGAE, la SDAE y los domicilios de los imputados, el bloqueo de las cuentas de la entidad y la investigación financiera de las mismas, las cosas no pintan nada bien para Teddy y amigos, quienes en su obsesión recaudatoria llegaron a imponer su canon inverosímil en conventos, comedores sociales, peluquerías, verbenas y hasta domingos de petanca, presuntamente no para devolver ese dinero a sus socios y "auténticos" propietarios, sino para derivarlos a sus propias empresas con el único fin de enriquecerse. 

Sin comentarios...

Sinde y Rubalcaba esconden el hocico. 
El vicepresidente y ministro de interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien ya nos gastara una broma hace poco diciendo que tenía las claves para acabar con el paro en España y que las usaría si el PSOE resultaba elegido –esto es llamarnos tontos a los españoles y escupirnos en la oreja, porque o bien miente como un bellaco y hace política populista, o bien es verdad y nos ha tenido tres años en el paro con el único fin de ser elegido y seguir viviendo del cuento–, vuelve a la carga limitándose a decir que se trata de un procedimiento judicial y hay que esperar el veredicto, amén de que él "acata lo que diga el juez". Nos ha jodío... ¿Qué va a hacer si no? ¿Ponerse unas mallas verdes y entrar en prisión a rescatarlos en plan Robin Hood? 
Por su parte la ministra de cultura, Ángeles González-Sinde, promotora de ese proyecto de ley que atentaba contra los derechos constitucionales de los cibernautas en pro de la misma SGAE que ahora se sienta ante los tribunales, ha querido recordar el principio de presunción de inocencia, mismo principio que la ley Sinde se salta a la torera y mismo principio que se vulnera cada vez que se nos cobra el canon al comprar una caja de DVDs con el pretexto de que vamos a usarlos para piratear. 
Me encanta este país....
Ya para terminar, José Luís Rodríguez -el Neri no, el Zapatero- ha negado ser amigo de Teddy Bautista, a quien su gobierno ha dotado de unos privilegios desconocidos hasta ahora en nuestro país, privilegios que éste –Teddy Bautista– ha aprovechado, presuntamente, para delinquir y enriquecerse. Niega nuestros presidente así varias noticias al respecto que pudieron disfrutarse hace unos meses y, ya de paso, nos da una colleja en la frente todos los diseñadores, dibujantes, escritores, músicos, arquitectos, estudiantes, profesores y demás individuos, profesionales o no, que hemos estado pagando un canon injusto cada vez que hemos comprado un soporte digital en el que presentar nuestros trabajos o grabar nuestras propias maquetas.


Terminando
Las respuestas de los socios que se enriquecen a costa de dichos cánones... quiero decir... de los "artistas" de este país no se han hecho esperar. Andrés Calamaro ha denunciado la situación calificándola de injusta y comparándola con el 23-F. Fracamente, Andresito, comprendo que duele ver como los ingresos de la extors... joer, en qué estaré pensando... del canon corren peligro; pero que un tío que canta por la libertad y los derechos humanos iguale un juicio justo a un golpe de estado es para quitarle las chapitas y ponerle de fondo una esvástica. A partir de ahora deberías dedicarte a cantar el Horst Wesser Lied, parece que te va más. 
Otro espabilado es Joaquín Sabina, que parece que ya ha olvidado sus inicios en el metro y sus letras revolucionarias para ponerse del lado de su amigo Bautista, y es que, colegas, mola ser radical, pero la pela manda. Una pena... Aunque eso sí, soñando estoy con escuchar a todos los camaradas comunistas que viven en mansiones de la Moraleja: Ana Belén, Victor Manuel, Ramoncín...
Seguro que nos vamos a reír, y es que ya lo decía el profeta: El arte rendido a la política, el arte que se alimenta y se rinde al flujo de dinero que de ésta mana, no es arte sino vil y endeble propaganda.


Rafa del Río. 




Perdón por el tostón, pero aunque dentro de poco la cosa vuelva a la normalidad, algo es algo. Parece que al fin se demuestra que España no es ese paístan triste en el que pensé que vivía. 
Un abrazo y buen inicio de semana a todos.

sábado, 2 de julio de 2011

Publicidad, Autocontrol, carteles bobos y patadas en los huevos.

La publicidad es como todo, como todo lo que ha inventado el hombre, quiero decir. Es inútil, es falsa, es absurda y, generalmente, es una burda estafa. Creedme, sé de lo que me hablo: he trabajado muchos años en publicidad.

 Ah, la publicidad...
  
El caso es que, pese a saber todas estas cosas de la publicidad, los anuncios nunca dejan de sorprenderme, y últimamente cada vez más. Y no, no es una sorpresa bonita en plan “oh, habéis venido todos” ni “oh, por fin me has mandado el puto libro en el que trabajé tantas horas”. No. Es más bien una sorpresa en plan “espera, ¿eso que me sale del pecho es la punta de una flecha?” o “¿Por qué esta tortillita de camarones me está mirando fijamente?”. Una mala sorpresa. Porque cada vez se pasan más.
Y es que ahora pones la tele y, después de cinco minutos de serie o película, te vienen veinte en los que te mienten, te estafan y, por decirlo finamente, te llaman gilipollas, a la cara y con una sonrisa de oreja a oreja.
Tócate los huevos. 
 
Este es un ejemplo de publicidad prohibida actualmente:
No engaña, no nos llama gilipollas, pero es políticamente incorrecta. Sigh.

Así tienes, por ejemplo, la nueva campaña de Moviestar, que no contentos con haber sido el último monopolio ilegal de España y de haber estado estafando durante toda la vida a los españoles, te plantan un anuncio que a mí, en lo tocante a lo personal, me da mucho asquito. Ya sabéis, sale un tío en un autobús, limpito, aseado, afeitadito, mono... mal rollo. Y se queda mirando fijamente a una chiquilla que habla tranquilamente por teléfono, y el chico empieza a pensar: “Yo te haré el desayuno todos lo días y te lo llevaré a la cama, te diré que eres mu mona, te acompañare a ir de compras... pero siempre, ¿eh? Lo único que te pido es que estés conmigo”. ¡Y tan pancho se queda el tío! No, en serio: ¿Soy el único al que todo eso le suena mal? ¿Soy el único al que esa frase le recuerda a Misery? ¿De verdad que nadie se ha coscado aún que esa forma de pensar es la que sufren miles de mujeres en este país, secuestradas por una forma de pensar machista, anticuada y estúpida de unos cromagnones que creen que cumplen simplemente por decir estás mona y llevar el desayuno a la cama? Joder, ¿Y la fidelidad? ¿Y la confianza? ¿Y el respeto mutuo? ¿Y el amor? Y lo que es más importante... La muchacha tendrá algo que decir al respecto, ¿no? Pues no. Al parecer el acoso es válido para ciertas compañías, siempre que el acosador sea mono y esté afeitado. En fin...
Pero bueno, eso es lo de menos, porque luego suena la voz corporativa de timofónic... perdón, timostar, diciendo “por eso, ahora puedes hablar por seis centimos al minuto y nosotros no te pedimos nada a cambio”. ¡¡Nada a cambio!! Y lo dicen tan tranquis, con dos huevos, porque lo que pone debajo es que entre cuota de servicio (equivalente a cuota de extorsión: un dinero que tienes que pagar porque a timostar le sale de ahí) consumo mínimo (que no debería existir habiendo cuota de extorsión) alta, servicio, regalos a los jubilados y noches de putas, se te pone en más de 30 pavos, pero ojo... Ellos no te piden nada a cambio, eh? Lo que pasa es que son unos incomprendidos, y las facturas de más de cincuenta que, por un tecnicismo u otro te van a terminar metiendo mensualmente... ná, eso con cosillas sin importancias.
Je.
Bastardos...

Si smirnoff hubiera sabido que el secuestro y el acoso sexual 
son válidos en publicidad, no habrían tenido 
que robarle los peluches a la hija del director. 

Otra campaña que me encanta es Media Markt, ya sabéis, los de “Yo no soy tonto”. Bueno, al menos en eso estamos de acuerdo: Ellos nos son tontos, los tontos somos nosotros, o ese deben pensar porque llaman gilipollas a sus compradores a la cara y, no contentos con eso, todavía se ufanan de ello. Porque campañas tontas he visto muchas, pero la de este mes me pone de mala leche. Ya sabéis, la que dice que están vendiendo más de 1000 productos a precio de coste. Y digo yo, a precio de coste... ¿de qué? Porque generalmente lo de precio de coste -que en verdad es “precio de costo”, pero como eso hace pensar en porritos y ahora de pronto todos volvemos a tener doce años y nos reímos con esas cosas, han cambiado la última vocal- se refiere, generalmente, a precio de costo de fábrica, o lo que es lo mismo, que te cobran tan sólo el precio de los materiales. Obviamente, coleguitas enrollados y modernitos de mediamarkt, si de verdad queréis que me crea que me estáis cobrando 500 napos por una LCD de 32 de hace años, y que ese es el coste de su fabricación, es que se os ha ido la mano con los turnos nocturnos y las pirulas de especial k, porque no cuela ni de coña. Y eso por no hablar de las nikkon y del portátil, que vale que vosotros no sois tontos, pero nosotros, gilipollas, tampoco.
Eso sí, me parece majo el actor que hace de Rocky zumbado; algo es algo.
Otros de mis favoritos son los anuncios de coches, aunque en este caso me refiero a los de carteles, no a los de la tele. Y no por nada, sino porque en los de la tele no te da tiempo de ver las condiciones de financiación, que por si nunca os habéis parado a leerla, son dignas de un mal chiste de Arévalo.
Al liqui.
El otro día, por aquello de que por fin me voy a sacar el carnet (ya hablaremos largo y tendido de esto), me quedé mirando un cartel de esos de venta de coches. La foto: Un cochecico mono, pequeñito pero muy cuco, con su rollito de tuneo en faros y tal, con la siguiente información: "Su coche “noma acuerdo” por 10.995€ o por sólo 69€ al mes".
Mola, no me parecía mal trato. Ahora uno se acerca al cartel y lee lo siguiente: “69€ al mes durante 36 meses con cuota de entrada de 5.995 € y cuota de salida de 3.995€”. Se te queda cara de atontado y vuelves a leerlo, por si te has equivocado: “69€ al mes durante 36 meses con cuota de entrada de 5.995 € y cuota de salida de 3.995€”. Pues no, no te has equivocado, y el caso es que, haciendo cuentas, la cuota de entrada y la de salida cubren casi entero el precio del coche, con lo que los tres años pagando 70 pavos al mes son como que un pequeño extra, un alquiler o, mejor dicho, una estafa como la copa de un pino.
Brillante.
Lo mejor es cuando miras debajo de la foto del coche que tanto te has gustado y, en letra diminuta que casi se funde con el color del fondo y levemente doblada, que sólo les falta ponerle tipexx encima y pintarla con tinta invisible, se puede leer lo siguiente: “la foto de este vehículo no se corresponde con el vehículo ofertado en esta promoción”.
¡¡TO-CA-TE LOS CO-JO-NES!!
¿Pero qué mierda es esa de que anuncio un coche pero pongo la foto de otro coche más guapo? ¿Puedo hacer lo mismo en mi siguiente entrevista de trabajo y mandar a mi primo, que es más guapo y listo que yo, con el siguiente cartelito en la camiseta "el señor que realiza la entrevista no se corresponde con el que va a ocupar la plaza"? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué las compañías de publicidad se pasan las leyes por el forro? 
-No, es que abajo en chiquitito pone la verdad. 
Pues vale, pero es que lo que ponéis arriba es mentira. Joder, a ver si yo voy a montar una consulta médica de por libre. En la placa pondrá:

Dr. Rafa del Río
Dr. en medicina, arquitectura molecular,
paleontología, biología celular, nanotecnología
y pestiñología cuántica.
Luego, más abajito, para que no me denuncien, bastaría con añadir en letra diminuta:
En mis putos sueños.
Y todos tan contentos, ¿verdad? Buf... 
Pues no. 
Afortunadamente tenemos una empresa que se proecupa por nosotros, un organismo que vela en pro de que la publicidad sea veraz, auténtica y legal, una asociación que... vale, lo siento, no puedo seguir sin que me de la risa, porque sí, me refiero a los de Autocontrol, que viene a ser una asociación del consumidor que también tiene ganas de meter mano en los juicios, pero en fín, para qué contaros más. Basta con que os paséis por su página y veáis el empeño que ponen en tramitar vuestras denuncias para que imaginéis por dónde van los tiros. Asdemás tienen uno de esos premios desconocidos, como el de la q de calidad de McDonald, y eso da mucho que pensar, ¿verdad? 
Lo mejor es cuando justo después de un anuncio de "publicidad veraz" te viene un mensaje de usura de Cofidis “te quitamos la vida y te jodemos por siempre”, un “roba a tus vecinos” de cash4gold o el mejor, el de los prestamos Ico de un gobierno que ha eliminado la política social de ayudas del gobierno anterior y, en su obsesión por ahogar a los pocos ciudadanos que aún salen a flote, invita a las pymes a pedir préstamos asfixiantes. Pero no, no voy a explicaros aquí la historia de los prestamos de la CE y de como Botín los recolocaba aumentando el interés, que esto no es una sección de economía.
En resumen, la publicidad apesta y cada vez se salta más las leyes en un mundo en el que la tele proyecta contenidos para adultos en horario infantil -contenidos para adultos gilipollas, pero adultos al fin y al cabo-, se pasan los tiempos para infocomerciales por el forro de los huevos y nos bombardean día tras otro con los mismos capítulos repetidos hasta la saciedad. Un mundo en el que es más fácil robar a todos los españoles y salir de rositas que discutir con tu pareja por una chorrada sin terminar en la cárcel; un mundo que empuja al delito a gran escala sin consecuencias, pero que envía a prisión a quien, en el colmo del hastío, se fuma un cigarrillo en una parada del autobús y no tiene dinero para pagar la exhorbitada multa.
Me da asco la publicidad, aunque le haya rendido tantas horas en el pasado, me da asco la tele y me da asco este país. Espero que el año que viene la cosa cambie al fin.

Algunos publicistas se lo curran mucho, 
otros prefieren una noche de drogas a un buen brainstorming. 

En fin... que no quería ponerme tan catastrófico, que ayer pasamos un día cojonudo en el cumple de Silvia (y no, el regalo no mordía, jajaja, es que a veces tengo un sentido del humor un poco raro) y esta noche caerá alguna copilla.
Así que, feliz fin de semana, un fuerte abrazo y perdón por haber desaparecido uno días, ahora mismo paso a comentar vuestros blogs ^___^.

PD Anna, es que blogger está mamoncete, pero no te preocupes, valoro mucho que leas, aunque no puedas comentar o blogger se zampe tus comments. Por cierto, que sepas que tengo a los chicos currando en lo de las bebidas virtuales. Por ahora sólo han conseguido agua con hielo y un zumo con sospechoso sabor a caldo de pollo, pero aseguran que para dentro de poco estará la versión 2.0 con un amplio abanico de bebidas virtuales disponibles, desde whisky pal chache hasta cervecita o vodka negro con cola para las damas ^_~

martes, 28 de junio de 2011

Ecografías y hacienda: ¡¡La gambita se mueve!!

Llevamos una semana la mar de rara pero eso sí, muy chula. 

Foto de gatitos, porque los gatitos siempre molan.

El domingo por la noche coincide, más o menos, con el relato de ayer (eh, gracias por las buenas críticas, y sí, Gadi, creo que mi cínico se confunde, más bien quería haber dicho que algunos no lo habían pillado, pero es que el muy es así de bastardo), y después de tanto calor el domingo por la noche, el lunes los muchachos de hacienda, por primera vez y sin que sirva de precedente, tenían buenas noticias para nosotros. 
Así que después de una declaración que pasará a los anales de la historia como la declaración de la renta más cojonuda del último cuarto de siglo, fuimos a elegir un aire acondicionado para el dormitorio, que la pobre Eva está pasándolas puñeteras por culpa del calor y, como no puede tomar nada para la cabeza, pues fastidiada se queda.
Un buen lunes, sin lugar a dudas, pero mejor martes, porque hoy... tadá tadá... hemos vuelto a ver a nuestro niño, a.k.a. la gambita, que estoy viendo que tendrá cuarenta años y seguirá siendo la gambita, jejejeje. Nos hemos levantado a las ocho para hacernos... uhm, quiero decir, para que Eva se haga los análisis, y hemos llegado a ginecología a eso de las nueve, hora a la que una muchacha simpaticota y afable nos ha mandado a hacer puñetas hasta las once, que es cuando llega el ginecólogo.
Así que ni cortos ni perezosos -ni tampoco drogados, ya puestos, que aquí hay nivel- hemos aprovechado para comprar los regalos de Silvia, que el viernes celebramos su cumple en su peazo chalé y vamos a liarla pero bien jejeje. Aprovechando esas dos horas hemos ido a por sus regalos a XXXXX y después de comprarle un XXXXX y un XXXXX, que por cierto, casi me muerde (salió volando y lo atrapé justo antes de que quemara con la cola las cortinas de la tienda de XXXXX pero lo dicho, intentó morderme el muy) fuimos a la tienda OIOIOIOIO a pillarle un UYIUYUYU que esperamos que le guste, claro, porque comprar regalos de cumpleaños para que no gusten es tener muy mala leche.

Aquí el XXXXXX tratando de arrancarme el brazo con uno de sus flagelos.
(Imagen pixelada para guardar el misterio del regalo)

Tras la compra de regalos la aventura en la tienda misteriosa, pillar un cartón de tabaco rubio largo (uno, que tiene algún defectillo o algún complejillo que compensar) y un zumito para la madre y la gambita, hemos al ginecólogo. 
Y bueno...
Sé que aquí entra más de un padre y muchas madres, pero tenéis que entender que uno es novato en estas lides y no está acostumbrado a según qué cosas, así que después de esperar media hora y de mosquearme con las típicas espabiladas que intentan colarse yendo de majas con la enfermera personal, la susodicha -que es una forma de decir "la enfermera" pero sin repetir la palabra "enfermera" porque acabo de decir "enfermera" en la frase anterior- sale y dice:
-¿Eva?
Así que yo me levanto muy ufano y entro todo digno en la consulta del doctor hasta que me doy cuenta de que el ginecólogo y la enfermera -es decir, la susodicha de la frase anterior- me están mirando con cara rara. Es entonces cuando me percato de que Eva, que está distraída bebiendo agua, no se ha enterado de que la han llamado y sigue a lo suyo en la sala de espera mirando por la ventana.
-Eu...
El médico carraspea y me entran ganas de decirle que Eva no ha podido venir pero que he venido yo en su lugar, que si me voy quitando la camiseta o algo, pero Eva, que ya se ha coscado del asunto, entra en la consulta no sin dedicarme antes un coscorrón telepático de advertencia, porque ya se imagina que voy a hacer alguna gracia. 
Cachis...
El ginecólogo, que es más majo que los actuales euros, nos invita a sentarnos y empieza en plan coloquial el clásico interrogatorio de costumbre: “qué tal todo”, “cómo lo llevas”, “hay alguna molestia”, “se está portando bien el calvo”, “se te hinchan mucho lo pies” y “dónde coño he guardado el FemibionTM”. Ahora comprendo que esta última iba para la enfermera, pero con la tensión del momento y sintiéndome un poco de lado yo le dije que en el cajón, a ver si colaba. Y por cierto que no, estaba en el armarito de las medicinas, obviamente.
El caso es que después del interrogatorio el doctor invita a Eva a pasar a la habitación de la camilla -este tío está que lo tira, no para de invitar, a ver si me lo encuentro en la feria...- y mientras Eva se prepara para la eco él se queda hablando conmigo para tranquilizarme, porque sí, a esas alturas estoy hecho un flan.
-Bueno... ¿y qué tal va todo?
-Bien.
-¿La estás tratando bien?
-Pues no, la estoy obligando a agacharse sin motivo varias veces al día y le suelto capones de vez en cuando porque soy un hijoputa. 
Vale, no, no le respondo eso, pero a veces me entran ganas, y es que esto de “estar embarazado” es un coñazo. A tu mujer le preguntan qué tal está, cómo duerme, si necesita algo... Y a ti lo más que te dicen es: "¿Pero estás tratándola bien?" con cara de “digas lo que digas, los dos sabemos que no”. Y joer, la pregunta jode bastante, especialmente cuando uno, que es orco de aspecto pero de natural sensible, se tira todo el día dando el cayo para que la mami no se me escojoncie en un mal movimiento. En fin... la vida es dura. Así que repitamos.
-¿La estás tratando bien?
-En eso estamos.
-Así me gusta.
Tócate los huevos... 
En ese momento sale la enfermera y nos... vale, si pongo otra vez que nos invita a pasar me vais a prender fuego en un molino, ¿verdad? De acuerdo, de acuerdo, hum... nos indica que ya podemos pasar. ¿Mejor así?
Aquí se me ocurren cien gracietas que decir acerca del gel ese que ponen en la barriguilla para hacer las ecos, pero como no soy yo quien lo sufre me las ahorro. Baste decir que entro en la habitacioncita en la que Eva me espera al lado de una máquina que parece sacada del Dr. Who -del bueno, del antiguo- tumbada en una camilla que a su vez parece sacada de Las Edades de Lulú, Último tango en París o cualquier peli para adultos -es decir, para chavales de trece años con sobredosis hormonal- actual, que yo hace ya como décadas que estoy fuera del mercado. Afortunadamente, los estribos en esta ocasión están de adornos y ella aún lleva los pantalones puestos, así que todo va bien. 
El doctor se sienta junto a ella, le coloca sobre la tripa un cacharrillo parecido a una Epileidy -ya sabemos quién era la chica en la pareja de Epi y Blás- y enciende el ecógrafo.
Y la liamos.
Eva está de 11 semanas, pero en la pantalla aparece el feto de un niño de lo menos ocho meses. A mí me da un chungo y me apoyo contra la pared porque me estoy mareando. Al final ha pasado lo que ya imaginaba: mi hijo es Damien.
El médico suelta una carcajada y se excusa.
-Uy, perdón. Esta es una foto del hijo de la pareja anterior.
-Que... divertido -digo hablando como el amigo de Malcolm, el de la silla de ruedas, y con el corazón a mil por hora. 
El señor ginecólogo me pone cara de "te la merecías, por listillo" y, ahora sí, encuadra a la criatura.
Y bueno...
Es la leche. 
La gambita tiene ya todas sus extremidades y ha perdido la colita, se nota el latido parpadeante de corazoncillo y, lo que es mejor, la muy cachonda no se está quieta ni pa qué: hace fuerza con la cabeza contra el útero materno, salta, gira, se revuelca... 
-Cómo se mueve, el puñetero -dice alguien. Tardo un rato en darme cuenta de que he sido yo, porque la voz me suena... diferente. Además, lo que yo quería decir era otra cosa.
-Es... mi hijo -y aunque no lo digo, lo pienso a voz en grito. 
Tras varios intentos de tomarle medidas, el ginecólogo resuella por lo bajini.
-Pues no, no se está quieto...
-Igual de tocahuevos que el padre- suspiro lleno de orgullo para mis adentros, porque estoy tan martavillado, tan impresionado, que soy incapaz de hablar.
Finalmente la gambita se da la vuelta y se queda allí, como Bart Simpson, de espaldas, casi espero que el médico diga algo del tipo "si no fuera tan pequeño juraría que nos está... dando el culo", pero en vez de eso dice:
-Ya te tengo...
Y todo parece estar bien.

Esta está siendo una semana la mar de rara, aunque muy chula. Hoy he visto a la gambita, he contemplado su corazón palpitar, la he visto moverse y retorcerse poniendo en jaque a un adulto -yupi! jajaja- y lo que es más importante: Hoy, ese amor que sentía por ella, ese amor tan inmenso que creía la semana pasada... Ese amor, hoy, se ha multiplicado por mil.


¡¡Un abrazo para todos!!



lunes, 27 de junio de 2011

Ese cínico interior...

Cuarenta grados a la sombra. 
La ventana del dormitorio es una boca abierta de par en par de la que sólo emana un cálido y fétido aliento, como de segunda mano; una boca abierta en una carcajada pedante y sin gracia que se ríe de las gotas de sudor que se deslizan hacia la sábana, ropa de un colchón que por acción del calor se convierte en la saliva de un monstruo que languidece de sopor.
Cierro el libro.
Las farolas de la calle se ríen al apagar yo la lámpara
El ventilador jadea en una esquina de la habitación esforzándose inútilmente por remover un aire tan caliente como la calefacción del infierno en medio de un zumbido que hace pensar que el tiempo ha parado, que el amanecer nunca vendrá, y tan sólo el canto de los grillos me asegura que el segundero, aunque lento y pegajoso, sigue corriendo...

–Obvio, ¿no?
Me siento en la cama sobresaltado porque, ahora sí, el tiempo se ha parado por completo. Mi yo cínico me observa burlón desde los pies de la cama. Lleva una camisa blanca y un pantalón corto de tela a juego con el mojito de su mano derecha. También lleva una sonrisa petulante, un moreno más profundo que el mío y no suda ni gota, el mamón, así que se le ve más guapo de lo que realmente soy.
Puff, resoplo.
Él enarca una ceja, sorprendido. Me levanto sin hacer ruido y salgo de la habitación abriendo la puerta con cuidado de que no entre el gato, más por costumbre que por necesidad, pues Chihiro está tumbada sobre su escalón preferido y el tiempo no corre en el mundo real cuando mi yo cínico me visita. Esquivo a un mosquito estático en pleno vuelo y cojo el tabaco y el mechero del cuarto de baño que suelo utilizar para afeitarme. No pierdo el tiempo y le doy una furiosa calada al cigarrillo recién encendido en cuanto salgo al jardín.
–Estás en gayumbos –me advierte mi crítico interior.
Me encojo de hombros. 
–Eres un gilipollas y un prepotente –le suelto a quemarropa y sin avisar.
Mi yo cínico da un paso atrás. Generalmente los insultos son cosa suya, pero el calor me pone de una mala leche tremenda.
–Vaya, estamos nerviosillos... 
Le señalo el vaso que lleva en la mano.
–¿Mojito? Los dos sabemos que ambos somos más de bourbon y de absenta.
El cínico parece acusar el golpe, pues titubea un poco.
–Es que...
–Es que te mola aparecer bebiendo mojito porque según el relato de ayer Dios bebe mojitos, no lo niegues –le salto a la yugular–. Muy freudiano todo...
Se termina la bebida de un trago y extiende las manos vacías ante sí.
–Eh, no escurras el bulto –se defiende–. Fuiste tú quien escribiste en primera persona haciéndose pasar por Dios.
Touché.
–Además –continúa–, al fin y al cabo nadie ha entendido una mierda del final del relato de la entrada anterior.
Doble touché.
–¿Qué querías escribir exactamente? –me pregunta.
Me encojo de hombros, más por la costumbre que por otra cosa. Las estrellas brillan que te cagas ahí arriba, así que mientras exhalo el humo me las quedo mirando como un atontado de ciudad –que al fin y al cabo es lo que soy–, que ya ha olvidado cómo son las estrellas.

 
–No lo sé –reconozco–. Supongo que precisamente quería expresar eso, que Dios nos hizo a su imagen y semejanza.
El cínico se descojona, el muy.
–¿Sabes que lo que escribiste entra de lleno en la blasfemia?
Me encojo de hombros otra vez sin dejar de mirar al cielo. ¿He dicho ya que las estrellas son acojonantes cuando no hay luz que tape su brillo?
–Es posible –reconozco–, pero no era esa mi intención.
–¿Y cual era?
Me lo tomo con filosofía. Entro en la cocina y me pongo un ron con hielo. Ya no queda whisky en casa. Jodida crisis. El cínico me espera sentado en el balancín cuando vuelvo a salir al jardín.
–¿Y bien? –me pregunta.
Me enciendo otro pitillo y, tras un trago largo del mismo ron que bebí cuando pensé que Chihiro había abandonado la casa, me doy cuenta de que casi parece que vaya a iniciar un ritual de santería. Me río.
–De acuerdo, de acuerdo –suspiro–. Supongo que, como Rodri, no entiendes la necesidad de Dios de conversar con las luces, ¿no?
El cínico hace un gesto indiferente con la cabeza, como si la verdad le importara poco menos que una mierda.
–Es posible –acede al final.
–Bueno... supongo que lo único que quería era demostrar esa faceta humana del Dios en el que creo –confieso–. Quiero decir... ¿Sabes en el señor de los anillos, cuando Frodo le ofrece el anillo a gandalf y el mago lo manda a hacer puñetas? Pues a veces pienso que Dios, mi Dios, es algo parecido. No se trata de reinar por la fuerza ni de demostrar su poder, sino de simplemente encaminar y hacer lo que por encima de todas las cosas es correcto.
–Pero la moral y la ética, lo correcto y lo incorrecto, son conceptos aprendidos. 
Le doy un trago al ron y asiento con la cabeza, sin embargo mi boca responde:
–No. Eso es lo que siempre se nos ha forzado a creer, pero los dos sabemos que no es así. Nadie en su sano juicio lo aceptaría, al menos nadie que haya dedicado un rato más largo que un pestañeo a pensar en el asunto.
El cínico se descojona.
–Decir eso y no decir nada es lo mismo. Así nadie te va a creer.
Me encojo de hombros, lo que ya viene siendo el gesto de la noche.
–Imagínate a un enano a medio metro del suelo... no espera, a setenta u ochenta centímetros del suelo.
Asiente con la cabeza.
–Hecho –acepta–. ¿Qué hace el enano exactamente?
Sonrío con maldad al responder.
–Soplarme los huevos.
–Eeeeh, relax –protesta mi crítico interior–. Ese tipo de frases son cosa mía.
En eso tiene razón. 
–De acuerdo, a ver cómo te lo explico... En el antiguo testamento Dios se tira todo el día dando la brasa a los judíos, puteándolos y mandando castigos sobre la tierra, ¿y de qué le vale eso?
–¿De nada?
–Gracias, quiero decir... exacto, de nada. Y algo parecido ocurre con la humanidad: nos hemos tirado milenios en guerra, pero a la hora de la verdad, cuanto más evolucionamos, más descubrimos que las guerras son inútiles. Y no, no me refiero a los gobiernos que deciden gastar el excedente de munición sobre otros países, sino a los ciudadano, a los seres de a pie, a nosotros. Ese era el punto que quería destacar en mi relato: el parecido entre el hombre y Dios, entre Creación y Creador.
El cínico piensa y asiente.
–Vale, pero eso es prepotente y blasfemo. 
Me encojo de hombros. 
–Yo prefiero pensar que es simple y llana publicidad.
–¿Publicidad de Dios?
–¿Por qué no?
Mi crítico parece darse por vencido y un vaso de bourbon aparece en su mano.
–De acuerdo, aceptamos enchufe como anguila eléctrica, pero hay algo que no entiendo.
–Dispara.
–¿Qué coño son esas luces y quién coño las ha creado?
La carcajada me asusta hasta a mí.
–Pensé que habíamos terminado ya con las dichosas preguntitas –me parafraseo a mí mismo, pero como veo que esta vez no va a colar tomo aire y añado–. Nosotros. Nosotros somos esas putas luces. ¿Lo pillas ya?
El cínico medita en lo que ello conlleva
–¿Y la invasión?
–Una metáfora, o si lo prefieres, una alegoría.
–¿Una alegoría de una sola frase?
–Una alegoría de cien años de tradición de cine y literatura.
 Ahora sí, se ríe.
–No sé si eres un genio o un capullo.
-Creo que más lo segundo que lo primero –confieso–, pero la culpa es del calor. 


Nos terminamos los vasos y el canto de los grillos me avisa de que el tiempo vuelve a correr. Dueño de nuevo de mi propia vida, decido que mañana, sí o sí, vamos a comprar un aire acondicionado de los baratos para el dormitorio.

Un abrazo a todos y feliz inicio de semana!

sábado, 25 de junio de 2011

Relato: Y aún así, seguimos siendo.



"El mar en calma refulge a la luz de la luna bajo nuestros pies como una balsa de agua parada en el tiempo, rota tan sólo por alguna ola diminuta en la distancia o el baile de un delfín que fácilmente podría ser un peligroso tiburón en la mente de un cineasta con exceso de manía persecutoria.
La luz frente a mí, oscila. Yo me limito a hablar.
–... Y aún así, seguimos siendo. Como meras formas de vida, como simples seres sensibles. Capaces de la más alta gesta y de la más terrible atrocidad, en cada uno solo de nosotros hay potencial para cambiar el mundo, para convertir el planeta en un lugar mejor o someterlo en la desgracia y el abandono. Somos héroes soñados y villanos imposibles, las dos cosas a un tiempo; no nos importa arrastrarnos por una simple migaja para luego alzarnos sobre las propias cenizas de nuestra pusilánime indignidad y renunciar con un gesto a riquezas y poder suficientes como para comprar un reino. Por amor matamos, y en nombre del amor morimos, pero a veces vendemos ese amor por una bolsa de sencillas monedas, lo maltratamos, lo exprimimos e incluso llegamos a aniquilarlo entre nuestras manos sangrientas de sed de venganza sin fin y, ya puestos, sin motivo demostrado.
<<Enfatizamos nuestro odio y nos regodeamos en nuestra rabia para luego, en tan sólo un instante, encontrar perdón en nuestros corazones para todo aquel que nos ofendió. Somos fuertes y pusilánimes a un tiempo,débiles y aguerridos, desleales y mentiroso, llenos de bondad y fieles hasta más allá de lo posible.
–Sois inconstantes.
–... Y aún así, seguimos siendo. Creadores de maravillas que se conservan hasta más allá de los siglos, destruimos nuestra propia obra regodeándonos como niños que echan agua a un hormiguero. Somos capaces de aferrarnos a la vida con uñas y dientes cuando todo está perdido, dando lo mejor de nosotros mismos cuando nos autoinflijimos la desgracia, para luego, en un segundo, dar un salto al vacío cansados de esa vida por la que hemos luchado tanto tiempo que ya hemos olvidado el porqué.
<<Vamos a la guerra, destruimos lo que más amamos, y luego dedicamos nuestro tiempo a reconstruir esos mismos barrios que vimos caer entre carcajadas impunes. Abrazamos al hermano que matamos y lloramos con las lágrimas de su familia, que es la nuestra. Nos sentimos ofendidos por las mismas palabras que, sin darnos cuenta, dedicamos contra nosotros. Y cuando más perdidos estamos, cuanto más nos engañamos por perder el camino, más nos encontramos a nosotros en el fondo de lo que realmente importa, que no es más que nada, y menos que nada, cero.
–No sabéis lo que buscáis.
–... Y aún así seguimos siendo. Disfrazamos a los animales en los cuentos, de personajes amados que buscan en su propia existencia cómo enseñarnos a sobrevivirnos a nosotros mismos; animales que luego tendemos en nuestra mesa y de los que alimentamos a ese mismo hijo cuyas paredes pintamos de cerditos con pantalones y conejos con sombrero de copa y reloj apresurado. Maltratamos y denigramos la creación que nos dio vida para luego rendir esa vida a la creación ocupándonos de cada uno de sus pormenores. Sufrimos enfermedades que nuestra propia maldad crea, curamos esas enfermedades con vacunas que regalamos a costa de sufrimiento y por las que luchamos hasta la muerte por preservar.
-Inútiles...
-... Y aún así, seguimos siendo. Nos enfrentamos a ese Dios en el que la razón nos impide creer para luego arrodillarnos ante su presencia, aunque quizá sea inventada. Negamos la vida futura mientras tratamos de ganar puntos para ella. Incapaces para la fe, creemos con todas nuestras fuerzas, rezamos a unos oídos que tememos que ni siquiera existen y contactamos con lo insondable. Somos seres materiales que no creen más que a sus propios sentidos, pero luego ocultamos la cabeza bajo las mantas cuando las sombras nos acercan a ese otro mundo de cuya existencia somos plenamente conscientes, aunque la luz del sol nos borre el recuerdo y, llevados de nuevo por esta razón incompetente, nuestra fe se vuelve duda, nuestra credulidad convencimiento, y nuestra espiritualidad se torna orgullosa y material pose que se desprende de todos esos sudores que en pleno día se trasfiguran en superstición marchita. Somos, a fin de cuentas, seres humanos.
–¿Y?
–No somos el tipo de enemigo que querrías tener en frente.
La luz se ríe.
–Sois inconstantes y mentirosos, incapaces y embusteros. Destruis vuestra propia especie sin temor alguno y acabáis con los recursos sin capacidad por ver el mañana.
–Cierto.
–Y aún así te atreves a amenazarnos. ¿Por qué deberíamos temeros?
Sonrío.
–Porque aún así, a pesar de todo, seguimos siendo.
La luz parece meditar mis palabras, finalmente parpadea, perdiendo intensidad en medio del océano sobre el que ambos conversamos. 
La miro con una ceja enarcada.
–¿Y bien?
La luz parece reticente a contestar, pero finalmente lo hace.
–Hemos detenido la invasión.
No puedo evitar una sonrisa victoriosa.
–¿Por qué?
Demasiado orgulloso. La luz desaparece y me deja a solas sobre ese mar en calma, sobre ese océano infinito en el que se encuentran todas las respuestas que necesito.


Sonrío. Me siento más joven y vivo de lo que me he sentido en mucho tiempo. Y sí, me refiero a MUCHO tiempo. Con un parpadeo vuelvo a casa, o a lo más cercano que tengo a una casa propiamente dicha. No pierdo tiempo en llamar a la puerta y me presento, sin más, en la sala de copas. Pedro me mira escandalizado y menea la cabeza, no sin cierta censura.
-Nunca entenderé porque no da más publicidad a estas cosas -me confiesa-. Si el mundo lo supiera, su fe... 
Hago un gesto con la mano, como quitándole la importancia.
–Bobadas, no valdría para nada
–¿Y eso?
Medito un rato y me encojo de hombros mientras mi amigo me tiende un mojito con doble hierbabuena y un poquito más de ron de lo aconsejado.
–¿Sabes? A veces creo que el problema fue crearos a mi imagen y semejanza, porque a veces no Me entiendo ni Yo mismo.
Pedro me mira con una ceja levantada desde detrás de la barra.
–Y a esos... a esas luces... ¿Quién los creó, Maestro?
No puedo evitar una sonrisa.
–¿Ya estamos otra vez? Coñe, Pedro, creí que habíamos terminado ya con las dichosas preguntitas...
Y como esa es una gran verdad, o mejor dicho, una Verdad en mayúsculas, decido perderme en el fondo de mi vaso de mojito mientras de lejos, como el rumor de las olas, escucho y disfruto de la belleza del concierto orquestado por los pensamientos que piensa la complejidad de seres de mi complejo universo".

Dedicado con mucho cariño a Rebeca.
Porque a veces hay mucho más de lo que puede verse a simple vista.

Un abrazo y buen sabadete a todos!!

miércoles, 22 de junio de 2011

Inicio de piscina y receta de licor de... sí, albaricoques. Lo habéis adivinado

Disculpe señora, esto... ¿Le importaría apartar la toalla? Sí, es que eso es mi pie. Oh, no se preocupe, afortunadamente me queda otro y estaba ya un poco estropeaillo, pero vamos... ¡¡Que hay como dos kilómetros de piscina vacía como para tener que sentarse encima de mi pie, coñio ya!!


Ayer inauguramos la temporada de piscina 2o11 ¡¡Yupi!! Empiezan las tardes aglomeradas tomando el sol cuan lagartijas en tus dos minúsculos metros de césped mientras a tu alrededor suceden un montón de cosas que, como te quitas las gafas para no parecer el típico satirón de la pisci, no ves. Baños fugaces en agua calentucha, duchas frías, sombras difusas en la miópica lontananza, tintos de verano a cuatro pavos la maceta (el mini, para los de interior) y mi favorito: horas de "disculpe, señor, está muy bien hacer largos olímpicos, pero es que esto es una piscina pública, y la gente viene a jugar y hacer el chorra, no a convertirse en David Meca, así que si le hemos jodido el largo, la piscina está llena de agua pero el ajo se lo compra usted".


Piscinas públicas... ¿Hay algo más hermoso en este mundo? Las chiquillas luciendo tipín y bikini estrafalario, los chavales marcando musculito broncíneo recién depilado, los tímidos que en vez de bañador llevan pantalón de chándal, la madre que abandona a sus hijos en la más pura tradición gasolinera-abuelo... Y eso por no hablar de los latinkings con el móvil con Don Omar a todo trapo, esos latinkings que cuando se meten en el agua se hunden hacia el fondo por culpa de los oros y las cadenas, algunos para salir a los minutos, semiahogados y sin bisutería al peso, otros para no salir jamás y convertirse en leyenda murmurada en las noches de agosto, fantasmas que vagan por los cementerios de símbolos de dolar con swaroskys de plástico y mapas de Jamaica tricolores que pueblan los fondos de las piscinas públicas de este país. 

Piscinas públicas... Sol en estado puro, cuarenta y cuatro grados a la sombra y, desperdigados por el césped y las pistas de ping-pong, los clásicos que siempre regresan: El señor con el periódico puesto del revés, las gafas de sol apuntando a un grupo de muchachitas y los sudores corriendo por la faz amoratada; la señora amante de la crema solar y las pamelas de paja, que no para de masajearse con la nivea hasta adquirir la misma viveza de rasgos que un actor de teatro noh o un mimo; los jugadores de cartas profesionales que amenizan la tarde al grito de "Revuti", "Uno" o "Hijoputa", olvidado el bañador en la mochila, sin saber que podrían hacer lo mismo en un parque sin pagar entrada; el grupito informático que no se quita la camiseta por miedo a quemarse y ser rechazados en su próxima campaña de rol por ir morenos, cuyos miembros observan a la gente y al sol maravillados, sin saber muy bien qué son pero disfrutando de su danza ritual... Y los chiringuiteros, amorrados a la barra de bar con la camisa de cuadros y las chapetas coloradas traicioneras y delatoras de los whiskys que bailan alegremente en sus barrigotas; las neveras familiares, auténticas estrellas de la fiesta, que vienen siempre acompañadas del papá, la mamá y los dos niños, simples complementos que la ayudan a moverse por el mundo: de la piscina al camping, del camping a la montaña, y de allí a la playa. Ay, si las neveras hablaran... 
Y mientras esperamos a que las neveras hablen vigilamos nuestras cosas, porque ya hay un grupito de niños con las manos largas mirándolas desde los árboles. En breve saldrá el vigilante a echarlos a la calle, un año más, porque eso es más fácil que arreglar el boquete de la valla, ¿qué no? Mientras, los socorristas, esos monigotes de rojo atados a unos pitos supinos y todopoderosos, silbatos fálicos que sustituyen las carencias de sus sopladores, se dedican a hacer cumplir la ley, una ley que han inventado sobre la marcha y que nadie, ni siquiera sus amigos, terminan por cumplir. ¿Y a quién le importa? Ellos están aquí por los bikinis.


Ayer comenzó nuestro temporada piscinera con una buena dosis de cloro, otra mejor de sol y mucha de cachondeo. 
Hoy tengo agujetas en el cuello. Puta manía de nadar como un delfín o, en su defecto, como una sirenita de H2O.
Dentro de dos semanas volvemos a Cádiz: agua fría, olas enormes, mucho cachondeo y, lo que es mejor, socorristas sin silbato que pasan las tardes leyendo el Marca.
Aish...


Receta: 
Hoy...
Licor de albaricoques.


Resulta que el árbol sigue dando albaricoques como si la planta fuera la Pajín y, sus frutos, leyes absurdas. Y como ya hemos regalado mermelada y fruta a todos los vecinos (majos que son los de al lado, que nos han invitado a su piscina cuando queramos... pero majos, MAJOS) Aún nos sobraban varios kilos y lo que queda en el árbol, así que, ni cortos ni Osos Pérez, nos hemos liado a hacer licor. Antes de pasaros la receta, aviso: 
Conseguir alcohol natural no es fácil. Conversación tipo:


-Buenas tarde, ¿tiene alcohol natural de 96º?
-Es posible...
Me saca una botella de 150 ml. Cara de póker.
-Ya... sí... uhm... verá. Es que necesito 5 litros.
-Ah.... (hacía tiempo que no veía a nadie tanto tiempo con la boca abierta)
-Para hacer licor de albaricoque.
-Al...ba....ri... ¿Eso es legal?
Buena pregunta.
-Digo yo que sí, ¿no? No voy a montar un alambique ni nada de eso.
-Claro, pues no sé... (coge disimuladamente el teléfono)
-Bueno, nada, no se preocupe, nos vamos.
-No, espere, espere...
En el teléfono: "cero noventa y uno, digame?"


Así que después de tres farmacias y un distribuidor de productos químicos, hemos conseguido el alcohol, pero lo dicho, buscaros alguien de confianza porque la peña lo flipa. Y mucho. Y dicho esto, al lío:


Ingredientes (de uno en uno, aunque yo lo he multiplicado por cinco):
-1,5 Kilos de albaricoques.
-700 gramos de azúcar.
-1 litro de alcohol natural de 96º apto para consumo. Cuidao con esto que los hay que no son aptos y podéis liarla... mejor especificad que es para convertiros en los próximos AlCapones del barrio (o los próximos Fat Tony) Siempre podéis decir que vais a llenar Springfield de alcohol.
-1 Rama de canela
-1 ramillete de menta.

EL PUÑETERO BLOGGER NO ME DEJA SUBIR LAS IMÁGENES.
EN CUANTO PUEDA EDITO.

Preparación:
-Limpiamos los albaricoques y reservamos los huesos. Importante: Lo normal es que, llegados a este punto, los albaricoques deshuesados abulten más que los huesos. Si es al revés es que os habéis equivocado con algo.
-Una vez limpios y con piel, los echamos en un frasco grande.
-Cascamos los huesos y sacamos las almendras de dentro. Es tedioso y un coñazo, pero las almendras huelen de lujo, como a Amaretto o a señora de sesenta años con empacho de bizcocho de kiwi.
-Una vez tengamos las almendras, las echamos en el frasco.
-Añadimos la canela y el azúcar y, si queremos darle un toque diferente, tres o cuatro hojas de menta.
-Finalmente echamos el alcohol y lo removemos un poco. 


DEJAMOS MACERAR 31 DÍAS REMOVIENDO DE VEZ EN CUANDO


Una vez pasados los treinta días, lo filtramos con un embudo y un filtro de papel y almacenamos en una botella con cierre hermético durante 10 meses protegido de la luz del sol.


Y esto es todo. Todavía voy por la etapa de la maceración, pero ya os iré diciendo cómo va la cosa. No sé... pero algo me dice que va a ser como esa bebida de los libros de Pratchett: el esfumino de Lancre que destila Tatta Og, que está hecho de manzanas... bueno, sobre todo de manzanas.
Y si consigo ajenjo, la próxima receta de destilería ilegal será de absenta, jojojojo


Abrazos tochos!!

lunes, 20 de junio de 2011

Operación bikini, método Dukan y demás tontás del verano.

Hola!
Ah, no espera, que esto es en plan serio. Uhm...
Hola (mejor así).
Me llamo Rafa.
Tengo 33 años (¡Mira, capicua! grita alguien al fondo)
Y he estado gordo, pero GORDO de narices.
No os quepa duda.


El caso es que llevo varias semanas leyendo cosas sobre dietas, operaciones bikinis, granolas de special K y, por supuesto, por supuestísimo, sobre el método Dukan (que sí, que se escribe Dukan, por su... ejem, "inventor", Pierre Dukan. Y no Duncan, como Duncan McCloud, último inmortal sobre la tierra y experimentado espadachín, que siempre fue más de "sólo puede quedar uno" que de "no te comas el bocadillo y coge lechuga, coñio ya!"). Y como no hay nada más bello que compartir, yo os cuento mi experiencia y cada uno que piense lo que quiera.


Tara taraaaaa.


Realidades vergonzosas de un blogger.

Hoy...

Dietas y depresión, la vida misma.


Como os decía, tengo 33 años ("¡Eso ya lo has dicho, pesao!" grita alguien al fondo) y a lo largo de esta década y media -y cuarto y mitá- he pasado por todos los estadíos físicos por los que uno puede pasar en su vida, quitando lo de estar embarazado, normá. De pequeñito siempre fui un chaval bastante deportista, y claro, al cumplir los trece años me había convertido en un tío grande. No soportaba el fútbol, porque mi padre se había cuidado de saturarme para que terminara odiándolo, así que las horas que otros chavales gastan corriendo detrás de un balón yo las utilizaba en jugar al matar, al coger (uhm... traducción simultanea para los amigos de latinoamérica: al pillar), jugar al elástico (sep, ya empezaban mis inclinaciones de chica bloguera), montar en el skate, hacer surf en la playita (las mejores olas las de septiembre, yum yum esas mareas de Santiago...), pegarme con los compis en el gimnasio (a.k.a. full contact) e ir corriendo a todos lados como si fuéramos vikinguillos desarrapaos.

Aquí uno con dieciocho añitos, que esta feo que yo lo diga, 
pero era un yogurín. El pibón rubio es Eva, of course.

¿El resultado? Pues el obvio: con trece años ya no tenía ningún problema a la hora de entrar en garitos para peña de dieciocho. Y entonces me dio por meterme a hacer pesas... Y la cosa empeoró. Con dieciocho ya tenía el contorno de una excavadora pequeña. Con 22, el de un autobús del incerso, y con 23...
Bueno, con 23 la cosa se fue a la mierda: Eva empezó a estudiar las oposiciones y nos pasábamos el día en casa, con lo que todas las olas, las pesas, el full contact (bueno, a esa edad ya había empezado con el aikido), el monopatín, la bici... cedieron su lugar a los bocatas de queso, las tartas de chocolate, los pasteles de crema y las montañas de jamón serrano.
Resulta que al hacer ejercicio liberas endorfinas, una sustancia que hace que te sientas feliz como una perdiz y contento como... uhm... ¿un cubo de cemento? Al dejar de hacer ejercicio te dan bajones, y el cuerpo busca alternativas: azúcar, queso, chocolate... son alimentos que también liberan endorfina y que, los muy puñeteros, te hacen sentir harto feliz y satisfecho... aunque te estén convirtiendo en un tonelete.
El caso es que yo, que había estado bien, relativamente, que había estado megacachas un par de años antes y que era un primor verme, terminé cogiendo diez kilo el primer mes... y el segundo... y el tercero... Y cuando quise darme cuenta pesaba 159 kilos, me había descuidado total y absolutamente y la familia y klos amigos ya no sabían dónde mirar para disimular, puesto que yo tenía la fea costumbre por aquel entonces de ocupar todo el campo de visión.
 Rafa viste disfraz mangui de orco Shrekoso y traje de grasa de 135 kilos 
(todavía me faltaba pillar 24 kilos más, así que imaginaros...)
 
   Va sin coña... me dejé barba apestosa, dejé de pelarme, de comprar ropa chula (bueno, tampoco había muchas opciones) dejé de preocuparme por mi higiene y, lo que es impensable en mí, por mi pelo (que sí, entonces tenía), con lo que iba por la calle que parecía Hagrid, el gigante de Harry Potter o, en su defecto, un sin techo con mucho pan con manteca: Los chavales de Cádiz, que tienen guasa los cabrones, solían correr delante de mí gritando "¡No me comas!", mis padres intentaban sutilmente convencerme de que adelgazara y la peña se cachondeaba de mí en bajito, pensando que no podía escucharlos. La verdad es que no me afectaba demasiado, o quizá debería decir que por aquel entonces yo pensaba que no me afectaba. Para ser feliz me bastaba con alquilar un buen videojuego y una buena cena: mi medio kilo de jamón, una baguette larga, con sus dos tabletas de chocolate con relleno de naranja, sus trescientas pesetas de chuches y su cuarto de kilo de queso curado... Y sí, no os vacilo, eso era tan sólo la cena. Aunque la verdad es que no solía comer mucho para almorzar, las cosas como son.
El caso es que pasé de 85 kilos a 159, y francamente, tíos... no mola una mierda. Ahora recuerdo esos días y me pongo bastante triste: Yo, que había sido un maldito chulillo voluntarioso y peleón, yo, que había basado mi vida, supuestamente, en la fuera de voluntad, yo, que había sido para algunas la última Coca Cola del desierto... me había convertido en Gradsilla, el monstruo comeniños, en el bibliotecario de Blade, en Jabba el Hut de Star Wars... Y mi vida se limitaba a los videojuegos, las pelis, los buenos libros de aventuras y cualquier cosa que me ayudara a olvidar la mísera existencia de aquellos días, porque la pobre Eva seguía con las oposiciones, la pobre.
Pero no me malinterpretéis: no se trataba de una cuestión estética, ni de salud, ni de aceptación social. No. Es cierto que estaba hecho polvo, que jadeaba al dormir y que la peña me miraba raro, pero lo que me dolía, lo que me jodía de verdad, era mi debilidad de carácter de esa época. La imposibilidad de tomar las riendas de mi vida y hacerme con las riendas de mi destino. La cobardía de no ser capaz de pasar una sola tarde sin tener como mínimo un kilo de comida de reserva en mi habitación "por si me entraba hambre" (absurdo, podría haberme alimentado de mí mismo durante un par de años).
Y entonces decidí que había llegado el momento de hacer algo: Probé la dieta de la alcachofa y la de la sopa de cebolla, la de la verdura y la fruta, la del 50% y la del vasito...
Y no me valieron de una mierda.
Fui al endocrino, a la clínica de adelgazamiento y al gimnasio, donde me hicieron la dieta de los batidos y la hiperporteínica (lo que ahora se llama Dukan)...
Y tampoco me valieron de una mierda.
Porque, en el fondo, lo que me hacía comer, la debilidad que se había apoderado de mi fuerza de voluntad era mi vida, mi propia vida, con la que no estaba satisfecho y necesitaba cambiar. 
Hasta que un día mi madre me habló de la cirugía estética.
Supongo que este es el momento en el que más de uno de vosotros dirá "Ah, pillín, te estrujaste la barriga ¿eh?"
Pues no.
Lo que pasó es que, al decirme mi madre lo de la cirugía me dí cuenta de que las cosas se habían salido totalmente de madre. No es que me hubiera pasado dos pueblos, no, es que ya hacía dos continentes y un par de sistemas solares que me había pasado esos dos pueblos. Sabía que había llegado el momento de cambiar...
Pero no lo hice.
Unos meses después Eva aprobó las oposiciones y se fue a Ciudad Real, a donde yo me fui con ella. Allí empezó el cambio y, muy poquito a poquito, sin ningún esfuerzo, empezamos a adelgazar... hasta que, por motivos que no vienen al caso, me pillé una depresión. No voy a enrollarme con esto: baste decir que ciertos motivos me hicieron perder el norte y un buen día me miré al espejo y vi que no me gustaba yo, ni mucho menos en lo que me había convertido. 
Guardo recuerdos raros y escasos de esa época. Sé que dejé de comer -pocos amigos de entonces recordarán haberme visto llevarme a la boca algo que no fuera un café, una copa de coñac o un cigarrillo-, y llegué a hacer auténticas burradas del tipo estar cinco días sin comer ni dormir -simplemente no podía-, a golpe de carajillo y zumo de frutas, quedarme vagando sin rumbo por las calles en Madrid después de cubrir un evento para prensa o incluso colarme en la embajada americana a dormir debajo de la bandera. Anécdotas que ahora me resultan divertidas y simpáticas, aunque en aquel entonces maldita la gracia que me hacían a mí o, peor aún, a la pobre Eva. 
Por culpa de toda esta mierde llegué a recuperar los 80 kilos, pero yo ya no era un chaval, y era muy poco peso para mi constitución. Pero volví a ser la última cocacola para algunas, y la gente me trataba diferente, y todo ese rollo me gustaba, aunque por dentro, sin darme cuenta, me estuviese convirtiendo poco a poco en un chacal sin corazón... 

Aquí aún estaba en los 95 y bajando, pero os hacéis una idea...
No os perdáis el vaso de coñac en la mano, todo un clásico de esa época.
Entonces un día me miré al espejo y vi que tampoco me gustaba esa persona que veía, ni mucho menos en lo que me había convertido. La única adicta a la coca cola que me importaba lo estaba pasando mal, y ahora sí, había llegado el momento de volver a la realidad.
Y así, con la ayuda de Eva, Shei, Patri, Dany y Silvia, salí de esa mierda de tunel y volví a ser... bueno, diría normal, pero me conocéis demasiado bien como para poder engañaros. Dejémoslo en feliz, más que una perdiz.
Un año después le pedí matrimonio a Eva, y ahora, otro dos años después, estamos tan felices esperando a la gambita.

 Y este soy yo ahora, bueno, más o menos. 
Si lo comparáis con la primera foto da penita, snif snif, pero...
¿qué se le va a hacer?

Eva, por el contrario, ha mejorado con el tiempo, la puñetera... 
Bueno, suerte que tengo, jajaja

No os voy a engañar: Ahora llevo una vida normal. Oscilo entre los 95 y los 103 kilos de peso, nada mal para un tío con el contorno de pecho de un tren Alvia con destino Madrid-Puerta de Atocha. Tengo lorcilla, por supuesto, y no se me marcan las abdominales, pero tampoco estoy mal: todavía alguna chica me sonríe por la calle, y la que importa me sigue besando al salir de la ducha, así que pienso que a pesar de estar viejo, no he perdido del todo el toque. ¿El truco para no engordar de nuevo? Comida sana, aprender a cocinar verduras, comprar fruta fresca de temporada, un saco de boxeo (no tanto para hacer ejercicio como para gastar esa adrenalina que diariamente acumulas y que se puede convertir en frustración), unas escaleras que me he acostumbrado a subir cada vez que quiero ir al baño y, por supuesto, no privarte. Un capricho de vez en cuando es el secreto del éxito.

En cuanto a los métodos de adelgazamiento... pues vosotros mismo. Que sepáis que el Dukan da problemas renales a largo plazo, que la dieta de los batidos va por el mismo camino a no ser que se complemente con fruta fresca y verdura, que la sopa de cebolla consigue que le termines cogiendo asco a la verdura, y que la de la chirimoya... ais, es que es tan divertida esa palabra...
Podéis reduciros el estómago, meteros dentro un balón Nike o ceñirlo con el anillo único de Sauron. Podéis chuparos la grasa con un aspirador Black&decker y estiraros la piel e incluso poneros tetas.
Pero mientras no solucionéis eso que os hace comer, eso que hace que no alcancéis la felicidad, eso que hace que no os guste la persona que os mira desde el otro lado del espejo... mientras no lo solucionéis, no estaréis más que maltratando vuestro cuerpo y tirando el dinero.
Para nada.
Eliminad esas partes de vuestra vida o comportamiento que no os ayudan a sentiros plenos, gastad vuestro tiempo con las personas que realmente lo merecen y, cuando seáis felices, veréis lo sencillo que resulta alcanzar ese cuerpo soñado comiendo sano y con un poco de ejercicio.
Aunque claro, sólo es un consejo.

¡Un abrazo y pasad una noche estupenda!