Camina con la fuerza y la elegancia de una pantera en la selva, única conocedora de una sabiduría manifiesta en sus gestos, en sus andares, en ese aire suficiente con el que arroja su melena cándida a los oscuros albores de un atardecer que se hace noche.
El semáforo ante ti se pone verde, pero ella, princesa infinita del tiempo que a su antojo maneja y recrea, se limita a caminar a paso lento, delicado, perdida en la cadencia de su propio caminar mientras escribe, decadente, un mensaje en su whatsup.
Los coches esperan, parado el tiempo en la silueta que se recorta contra el sol rojo que ya muere, y cuando al final cruza, no puedes evitar avanzar tu coche y colocarte, a su paso, junto a ella.
Da igual que tu esposa y tu hija te miren, sorprendidas, desde el asiento trasero: A veces hay que jugarse la vida a cara o cruz y tirarlo todo por la borda.
Por eso te pones a su altura y bajas la ventanilla. Por eso te asomas y la miras, con una sonrisa anhelante. Cuando ella, con picardía, se hace la ausente, respondiendo de soslayo con su mirada a tus ojos; sonríes como un lobo y se lo dices:
-Gilipoooooollas.
Niñatas pijas a mí...
Con la boca llena y muy a gusto, sintiéndote como un pequeño Dios, dejas que el motor del coche cante un ronquido de satisfacción".
¡¡¡FELIZ JUEVES!!!
jueves, 21 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
Seppuku
Nunca quise hacerte daño. ¿Cómo
puedo convencerte? Guardo en mi corazón todo un catálogo de
sentidos del que tú, mi vida, mi diosa, has sido siempre la actriz
protagonista: La imagen de los primeros días, de tu corta melena
pelirroja, de tus dulces ojos verdes, huidizos, tratando de negar lo
nuestro. El sabor de ese primer beso en los lavabos, asustada, de esa
copa a medias cuyo contenido vibraba al ritmo de la música que
atronaba en el tugurio. El olor de tu sudor excitado, de tu colonia
de adolescente rebelde, del chicle que masticabas cuando, nerviosa,
mirabas alrededor en busca de tus padres. El tacto de tu piel, de tus
cabellos, de las medias que vestiste para mí aquella, nuestra
primera vez... Todo ello, siempre tú, ha estado presente en lo más
hondo de mi alma desde el día en que te conocí.
Lo nuestro nunca fue sencillo,
eran otros tiempos. El amor entre mujeres se reservaba en exclusiva a
las letras de Nacho Cano y a las películas para adultos. La sociedad
no estaba preparada para nuestros sentimientos, mujer contra mujer, no vestíamos bikinis ni luchábamos en el barro. Tampoco nos
importó: Las críticas de tus padres, las miradas altaneras de tu
hermana y, sí, los comentarios ácidos de mi familia no acabaron con
lo nuestro. Dos contra el mundo, rebeldes sin causa de un amor
apasionado sin nombre ni etiqueta, sólo amor; nos empeñamos en no
dejar que la incomprensión nos hundiera. Con el metal de sus lenguas
afiladas forjamos esa escalera que, peldaño a peldaño, acabó
llevándonos hasta un altar que nunca, ni en nuestros sueños más
locos, creímos posible.
Fueron años duros, con sus
luces y sus sombras, sus buenos momentos y sus pesadillas, plagados
de despertares amorosos y de sudores fríos en la noche.
Y nunca, ni un sólo minuto, fui
capaz de dejar de amarte. Por lo que eras, por lo que había sido,
por lo que fuiste y por todo aquello en lo que, sin duda, llegarías
a ser. Es fácil enamorar a una persona convirtiéndote en todo
aquello que ésta siempre ha soñado, pero cuando consigues que una
persona te ame por ser, tan sólo, como eres... Entonces ni la lluvia
ni el infinito pueden extinguir su esencia.
Aunque ni siquiera ahora lo
creas.
El resto ya lo sabes: nuestra
boda, el nacimiento de la pequeña Helena, el funeral de tu padre...
Estábamos preparadas para todo.
O casi todo.
La crisis, la maldita crisis,
acabó con nuestra vida de ensueño, con nuestra casita de papel en
lo alto de la colina del imposible. Un estudio de veinte metros y
facturas por pagar en la encimera. Palabras agrias, malos gestos, esa
luz oscura que brillaba en tus ojos apagados por el sueño y los
miedos cuando me mirabas pensando que no podía verte... Y la
pregunta, esa pregunta que no parabas de hacerme y que, poco a poco,
sin darte cuenta, me estaba matando por dentro: “¿Aún me amas?”
Respondía, siempre te respondía, pero tú hacías oídos sordos a
mi respuesta y preferías escuchar a ese tiempo que por nosotras
había pasado, a las arrugas que enmarcaban esos ojos verdes que día
tras día se apagaban un poco más, a la flacidez de esos brazos
otrora firmes, a los estragos del paso de una edad que, a pesar de
tus temores, no hicieron en mí sino el quererte aún más.
Aunque seguiste sin creerlo.
Fue entonces cuando lo conocí a
él. Sí, Él, yo también me sorprendí al principio. Podría
decirte que fue todo una casualidad, una broma del destino, un
azar... Pero no quiero mentirte. No a estas alturas: Fui yo quien
entró en ese foro sabiendo dónde me metía. Fui yo la que, llevada
por una desesperación infinita, buscó su nombre y preguntó por él.
Y fui yo, en definitiva, quien escribió nuestro primer saludo.
Al principio pensé que sería
cosa de una noche, un visto y no visto, pero él dijo que tendríamos
que conocernos primero, “hacer las cosas bien, poco a poco”.
Y yo acepté.
Una cena espontánea, varias
copas en el bar de moda, un café a media tarde, baile... Y mientras,
yo, mintiéndote, inventando mil excusas para que no supieras
encontrarme, ocultando con vaguedades el olor a alcohol de madrugada
y el perfume masculino que se me pegaba a la ropa como un invitado
indeseable.
Como si fueras idiota.
Ayer te escuché llorando en el
baño y algo se rompió dentro de mí.
Es por eso, sólo por eso, que
esta noche he vuelto a quedar con él.
Por última vez.
Iremos a cenar a un buen
restaurante, ¿por qué no? Y luego tomaremos unas copas, lo ideal
para preparar el ambiente. Nada como el grado exacto de alcohol en
sangre para dar punto final a esta locura. Luego subiremos al coche,
su coche, y buscaremos un sitio tranquilo. El puente nuevo, aún en
obras, parece el lugar perfecto. Nos pondremos cómodos, hablaremos,
y cuando ya esté todo dicho, por fin, lo haremos.
Cuando el coche salga despedido
sobre los pilares del puente nuevo, cuando se hunda poco a poco y yo
sea incapaz de abrir el cierre del cinturón de seguridad; mientras
las aguas de la bahía amenazan con tragarme para siempre y él
abandona el coche, tal y como hemos acordado... Pensaré en ti. En el
dinero del seguro con el que, por fin, podré daros ti y a nuestra
pequeña Helena todo aquello que en vida fui incapaz de ofreceros.
¿Me odiarás? Podré morir con
ello. Lo que no podría, ni en sueños, es seguir viviendo así.
Rafa del Río
miércoles, 6 de marzo de 2013
Relato: Antes de que amanezca.
Todo empieza antes de que amanezca, con el ruido de tus llaves arañando el metal
de la puerta. Te acercas a mí soñoliento y, sin una palabra, me
miras y pintas en tu rostro macilento y sin afeitar una sonrisa que
me resulta tan contagiosa como excitante. Yo, por mi parte, no puedo
menos que mirarte y sentir, como una corriente eléctrica, el sabor
de la anticipación apoderándose de mi cuerpo.
No son necesarias las palabras,
nunca lo han sido, los dos sabemos que sólo necesito tus pasos
masculinos y ese gruñido tan sexy con el que sueltas la chaqueta y el
portafolios sobre tu mesa de trabajo. No pierdes la sonrisa y
carraspeas, llevándote una mano nudosa y varonil a los labios.
Temblorosa, trato de serenarme para que no comprendas que tú, entre
todos los seres de este mundo, das auténtico sentido a mi
existencia. Pero no hacen falta más engaños, pues los dos sabemos
que somos lo único que tenemos, y por eso acercas tu mano a mí, y,
aún callado, pasas tus dedos cálidos sobre mi cuerpo, llegando casi
sin quererlo a esos botones que sólo tú conoces tan bien.
No puedo evitar tardar un poco,
nerviosa, llevada por los celos de tus compañeros de trabajo y sus
comentarios malintencionados acerca de la nueva, la del departamento
de al lado, con su aroma a vainilla y su sofisticado traje rojo. Pero
tú no me haces reproches, sino que sigues fiel a mí, y esperas,
paciente, a que olvide mis miedos y me entregue por completo. Voy
respirando, al fin, jadeante, sintiendo ese calor asfixiante y
delicioso que sube desde mis entrañas cada mañana, antes de que
amanezca, cuando posas tus manos en mí. Tú me sigues acariciando,
sonriente, esperando al momento álgido en el que tus labios se
acercan y, perdido ya todo el decoro, olvidados nuestros tabúes,
bebes de mí como de un manantial, como si realmente fuera yo y sólo
yo la fuente de toda la vida que en tu interior habita.
Es entonces cuando más
disfruto, perdida en el placer de saberme tuya, caminando como en
sueños por cada rasgo marcado de tu rostro atractivo y maduro.
Imagino, no temo decirlo, que soy una para siempre con tu pantalón
de tela, con la camisa siempre arrugada que vistes con premura en la
madrugada, con esa eterna chaqueta y ese ceño ya fruncido por el
duro día de trabajo que nos espera.
Por unos segundos, antes de que
amanezca, me siento amada, aunque sólo sea por unos instantes. Hasta
el momento en que perdida la sonrisa me abandonas, como siempre,
cuando el sol ya pinta el cielo, con un gracias más imaginado que
dicho. Yo, estúpida de mí, te respondo con un pitido inaudible,
jadeante y vaporoso. Como esa cafetera vieja y tonta que soy y que
sabe, aunque se mienta a sí misma, que antes o después acabará
siendo abandonada por esa otra, la nueva, con su aroma a vainilla, su
carcasa roja brillante y su café con sabor a caramelo.
Pero ya es tarde. El sol sale.
Sólo me queda soñar con que mañana, una vez más, volveremos a
fundirnos en un profundo trago.
Rafa del Río
Rafa del Río
martes, 5 de marzo de 2013
Nuevo relato: La abuela
Hoy he decidido que voy a volver al mundo de la escritura. No se trata de que vaya a intentarlo. No se trata de que vaya a echarlo a cara o cruz.
Ná.
Voy a volver.
Ana ya empieza a estar mayor y... qué narices, el gusanito me lo pide (no, no os hagáis imágenes raras, que ya os veo venir).
Y para inaugurar el regreso... ¿Qué mejor que un relato como este?
Espero que os guste, va dedicado a A.m.Caliani que hoy, casi sin querer, me ha devuelto las ganas por escribir algo como esto.
Espero que os guste y perdón por la desaparición... Los niños. Ya se sabe ;)
La abuela.
Ná.
Voy a volver.
Ana ya empieza a estar mayor y... qué narices, el gusanito me lo pide (no, no os hagáis imágenes raras, que ya os veo venir).
Y para inaugurar el regreso... ¿Qué mejor que un relato como este?
Espero que os guste, va dedicado a A.m.Caliani que hoy, casi sin querer, me ha devuelto las ganas por escribir algo como esto.
Espero que os guste y perdón por la desaparición... Los niños. Ya se sabe ;)
La abuela.
Sus manos acarician el pan con el toque amable de los viejos
conocidos. Sin violencia, casi con mimo, las manos se mueven con
firmeza sobre la masa en la justa elegancia de los que a punto
estuvieron de crecer juntos. La levadura va despertando al calor
amoroso de esos dedos que son para ella un hogar, y mientras las
elásticas fibras trazan dibujos intrincados en las grietas de una
piel ya ajada hace mucho, los pensamientos vuelan hilvanados en una
nube, tal vez un enjambre, de memorias que lejos están de pensar
siquiera en desaparecer.
Fue...
Sonríe pícara.
Ella fue...
Una estrella,
la primera, en el anochecer de otras ansias. Nunca faltó atento
público a su blanca pantorrilla, desvergonzada pieza de porcelana
nívea, mujer espléndida, coqueta... Faro de la noche a medias
mostrado al alzarse, apenas un pulgar, el telón de unas faldas
tupidas durante el baile sin fin de aquellas fiestas de mayo. Tampoco
faltaron poetas que cantaran su sonrisa, aunque fueran de vocal
analfabeta, más duchos con la azada que con la palabra, y fue
vestida su mirada y su hermosura por trajes escritos a pulso o
cantados de iletrada memoria en rimas que lo que perdían de
enrevesado lo ganaban en sincera y honesta admiración.
Fue...
Una alegría que se pierde en añoranzas, da un toque de luz a su
mirada.
Ella fue...
La luna,
la belleza inalcanzable de ese brillo de plata en una noche de
verano, el camino argento que riela hasta el infinito del mar
prometiendo tesoros imposibles en un guiño otrora seductor que se
convierte en cómplice con el tiempo. Y con el tiempo besó la
tierra, y el imposible perdió su fuerza en los brazos de ese soñador
enamorado que ahora la mira impaciente, tierno galán y caradura
postrado, desde la foto enmarcada en caoba y termitas. Modelo vestido
de boda que la insta con su sonrisa no caduca, imperturbable, a
reencontrarse de nuevo allá donde quiera que el maldito fuera cuando
abandonó, por causas de fuerza mayor, no sólo el hospital sino
también la familia, el mundo, y todo lo que en ellos, alguna vez,
hubo a bien el habitar.
Fue...
El suspiro se hace más leve, más ligero. Alegre.
Ella fue...
Un mundo,
un mundo entero, y como la gran Gea de los haedos, a la que ella
apenas conoce más que de oídas de una mitología que se pierde en
la memoria, dio ella a luz a sus hijos de la mano de un tiempo que,
en este mito, no amenazaba con comerlos, a no ser que fuera a besos y
desde el más profundo de los amores.
La vista se nubla en una torcida sonrisa de cinismo.
No todos salieron adelante, eran otros tiempos y casi, casi, otro
espacio: Unos nacieron muertos, otros cayeron al frente, con una cruz
o un libro rojo, eso ya no más no importa, aunque siga doliendo en
las entrañas. Pero algunos perduraron, y los que valieron araron los
campos en más de un sólo sentido y viajaron, derrotando las
fronteras -que entonces parecían de piedra-, de un pueblo que ya por
entonces amenazaba con quedar vacío.
Fue...
Vuelve a reír, poderosa.
Ella fue...
Un pueblo,
una fuente de cultura que, aunque con el dedo y de corrido apenas
leer pudiera, se convirtió en ama y sirviente de su propia casa,
partera y doctora en las aflicciones de los suyos, y estratega,
militar doméstica, botánica y juez mediadora, amante de ese que aún
espera y dolorosa enterradora de féretros, unos ligeros al peso,
otros cargados de piedras. Nunca faltó saber en sus acciones,
inteligente como sólo la necesidad enseña. Convertida en leona,
aunque maldita fuera si imaginar pudiera una, se enfrentó a la vida,
a la tierra, al hombre y a sus propios sueños para albergar a los
suyos y darles, aunque fuera, una oportunidad de entender todo
aquello que ella, en su ignorancia, no fue capaz siquiera de alcanzar
siquiera con las puntas de los dedos.
Fue...
Menea la cabeza, cansada.
Ella fue...
Pero ya no hay tiempo,
la masa reposada ha aumentado su tamaño, desprendiendo ese olor
húmedo y casero a lluvia sobre la tierra, a hierba recién cortada,
a familia reunida y dolor del alma. El horno de leña espera, ya
ardoroso, expectante, para envolver en su calor al pan. Un calor
mayor, quizá, pero menos amoroso que el de las manos de la anciana.
Pronto el aroma a pan recién hecho, a corteza crujiente y miga
esponjosa envolverá la vieja cocina de piedra, y entonces vendrán
los hijos, y los nietos, que la mirarán como a un extraño porque la
abuela esta chocha, porque la abuela no rige, porque la abuela, con
las cicatrices de la guerra en las espaldas y la marca de sus hijos
en las entrañas, ya no entiende: es de otro tiempo y no sabe lo
difíciles que son ahora las cosas.
Y ella reirá, y será feliz de verlos. Aunque cada vez sean menos,
aunque cada vez tarden más en venir, la abuela sonreirá
imperturbable a las peleas entre hermanos, a las miradas aburridas
que le dirigen sus nietos con esos ojos separados por apenas un
instante diminuto de las pantallas de sus móviles de miles de
colores. Imperturbable, en fin, a los tiempos, la abuela, con sus
siete hijos y sus quince nietos, con ese pequeño bisnieto que es tan
reciente que ni chapurrear puede, la abuela será feliz. Porque ella
es de otro tiempo y sabe lo difíciles que pueden parecer ahora las
cosas.
Rafa del Río.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Feliz Navidad a todos.
Pues eso, el título lo dice todo, y es que, a pesar de llevar meses fuera, no pasa día sin que os desee lo mejor a cada uno de vosotros. ¿Y qué mejor que estas fiestas para reconocerlo públicamente? Pues eso: Gadi, Hellen, Shei, Sonia, Nuku-Nuku, Keka, Carmen, Marta, Ginger, Lushi, Goblinoide, Gata, Silvia, Rodri, Nika, Rocío, Pedro, Wayaiu, Sandra, HD Beuty, Anna... a todos, copón...
¡¡¡Felices fiestas y próspero año nuevo!!!
ElCRisolGames Cierra sus "puertas" por tiempo indefinido.
Esta es una de esas entradas curiosas en las que se mezclan algo nuevo, algo viejo, algo robado, un juguete y chocolate...
O algo así.
Lo primero es lo primero: Saludos a todos los que hace ya casi un año que no veo. El nacimiento de la nana fue un caos, un cambio de vida total, y entre eso y los nuevos proyectos (nueva novela, página independiente de videojuegos, crónica social con papá y marujo...) No he tenido tiempo ni para decir copón.
Pero no me enrollo más, que en breve toca bibe de la enana: lo cierto es que, entre nosotros, tampoco es que ande mucho mejor de tiempo, por lo que con mucha pena de mi corazón me he visto obligado a dejar mi labor en El CRisol Games para dedicarme por entero a Ana y, de paso y con un poco de tiempo, ir retomando poquito a poco este blog que tantas alegrías me ha dado y en el que he conocido a gente tan maravillosa como vosotros. Si eres uno de los lectores de ElCRisolGames, tranquilo, seguiré desbarrando por aquí, de vez en cuando y twitteando cada ida de olla que pueda interesaros.
Si sois antiguos lectores del blog... lo siento: voy a volver a daros el coñazo, pero es lo que tiene el karma.
Y si acabáis de entrar aquí de chiripa... Pues bienvenidos, sentaos y poneos cómodos, esperad que quito el abrigo del sofá. Como decía alguien que conocí hace mucho tiempo, cuando todavía tenía pelo:
Estáis en vuestra casa.
Y ahora... !!Felices Fiestas!!
O algo así.
Lo primero es lo primero: Saludos a todos los que hace ya casi un año que no veo. El nacimiento de la nana fue un caos, un cambio de vida total, y entre eso y los nuevos proyectos (nueva novela, página independiente de videojuegos, crónica social con papá y marujo...) No he tenido tiempo ni para decir copón.
Pero no me enrollo más, que en breve toca bibe de la enana: lo cierto es que, entre nosotros, tampoco es que ande mucho mejor de tiempo, por lo que con mucha pena de mi corazón me he visto obligado a dejar mi labor en El CRisol Games para dedicarme por entero a Ana y, de paso y con un poco de tiempo, ir retomando poquito a poco este blog que tantas alegrías me ha dado y en el que he conocido a gente tan maravillosa como vosotros. Si eres uno de los lectores de ElCRisolGames, tranquilo, seguiré desbarrando por aquí, de vez en cuando y twitteando cada ida de olla que pueda interesaros.
Si sois antiguos lectores del blog... lo siento: voy a volver a daros el coñazo, pero es lo que tiene el karma.
Y si acabáis de entrar aquí de chiripa... Pues bienvenidos, sentaos y poneos cómodos, esperad que quito el abrigo del sofá. Como decía alguien que conocí hace mucho tiempo, cuando todavía tenía pelo:
Estáis en vuestra casa.
Y ahora... !!Felices Fiestas!!
sábado, 14 de julio de 2012
El embarazo o Cuando el hombre estorba.
Pues eso, ya ha sido publicada la tercera entrega de 'Papá y marujo': 'El embarazo o Cuando el hombre Estorba' (aunque también podría llamarse 'por qué no debes abandonar a tu gato cuando esperas a un hijo'.) Podéis leerlo gratis y sin IVA en:
http://www.elcrisoldeciudadreal.es/6357/blogs/papamarujo/el-embarazo-o-cuando-el-hombre-estorba/
Un fuerte abrazo!
http://www.elcrisoldeciudadreal.es/6357/blogs/papamarujo/el-embarazo-o-cuando-el-hombre-estorba/
Un fuerte abrazo!
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