miércoles, 11 de mayo de 2011

El fin de una era.

  Pues sí, parece que al fin ha llegado el fin de una era: Aqueiriiiioooouuuus... No, espera, perdón, me he dejado llevar por el espíritu de Raphael. ¿Qué es lo que decía..? Eso, sí, que ha llegado el fin de una era: Chihiro ha vuelto a casa, mi madre se lleva bien con el gato, mi padre se ríe cuando me ve el tatuaje y la gata vuelve a dormir en casa. (No, Anna, no. Cuando hablo de "ya veremos que será de los gatos" me refiero que habrá que ponerlos en adopción, pero mujer, no les va a pasar nada malo si nadie los adopta: aquí hay sitio de sobra y me sobra [van dos] corazón para hacerle daño a ningún bichillo)


La futura mami sopando en el sofá, 
La normalidad vuelve a literal espejo
  O lo que es lo mismo, parece que en tan sólo unos dias todos hemos madurado un poco. Se me hace raro ver a mi padre ahora, un hombre afable y feliz, sonriente, lleno de carisma, entrañable y al que resulta imposible no amar, y reconocer en él al hombre terrible con quien tantas broncas tuviera de chico, broncas merecidas y poco castigadas para lo prenda que yo era, pero broncas al fin y al cabo. Es ahora, con el paso del tiempo, que tras esa vieja campaña bélica en la que él encarnaba a los Estados unidos y yo a Afganistan, nos resulta más sencillo brindar con un vaso de whisky y recordar los viejos tiempos que seguir guerreando con el casco y el fusco ya oxidado por viejas rencillas que el tiempo ha conseguido que olvidemos.
¿Y qué decir de mi madre? ha tenido palabras para aquellas facetas de mi vida que, en su comedido concepto del mundo, están fuera de lugar. Pero en ese discurso antiuado, en ese mitin censurado aunque amoroso, donde he creído reconocerla falseando, interpretando, como si estuviera (parafraseando algo que escribí hace tiempo) leyendo el mismo guión primigenio con el que la primera ameba de este mundo le decía a esa ameba hija, fruto de la mitosis de una semana anterior, que ya iba siendo hora de comprar un coche y sacarse un carnet.

  Es curiosa esta nueva forma de ver a los padres, a través de un DNI de hace años y el cristal de un vaso de whisky compartido y no reñido; es bonito contemplarlos como los arquitectos que son de este yo maduro y treintañero. Resulta entrañable recordar los viejos tiempo, dar y recibir unas claves que ya no queman acerca de los porqués de sus riñas y mis desplantes. Y resulta, en definitiva, embriagador, abrazar a este afable matrimonio que ha entregado su fuerza a mis brazos sin perder la sonrisa, sabiéndolos jóvenes sino en la vida, sí en mi y, eso espero, en aquellos que después vendrán.
Ya sabéis, todo ese rollo que decía Miguel Hernández:

"Besándonos yú y yo se besan nuestros muertos, los primeros pobladores del mundo".

Y bueno, perdonad si estoy ñoño o se me ha ido la mano en la alegría, pero hoy soy feliz.

¡¡Yupi!!


Y eso mola.

Un abrazo enorme y seguid bien. Ya que estoy ñoño, dejadme deciros que el teneros por aquí me hace sentir afortunado.

lunes, 9 de mayo de 2011

No he perdido una gatita...



 ...He ganado a un gato. 
(Bueno, a dos, pero es que mi Chihiro es muy cariñosa y un poquito pendón).

  Pues sí, después de ese viernes trágicaótico y de un sabado cuando menos inquietante, el domingo, Chihiro y su noviete, el bizco Gatodepaco, decidieron dejarnos a las claras que lo suyo iba en serio, que era un amor de verdad, y que poco les importaba lo que nosotros dijéramos.
Bueno, entre nosotros, tampoco es que fuéramos a decir nada pero es que se pusieron de un tajante que casi daba miedo verlos.
Gatodepaco (que por cierto, me confuindí y no es el gato de Paco, aunque ya se le ha quedado ese nombre) todavía me mira con un poco de recelo y no me deja acercarme demasiado, tal vez porque sabe quién es el macho alfa o, más bien, porque me ve cara de hambre por culpa de la puñetera dieta y tiene miedo de que le arrime un bocao cuando Chihiro y Eva estén mirando pa otro lado.
Mamoncete...
Los días se han convertido en un lesse pasaire lesse faire, o algo así... Bue, para entendernos, en un "mira, tíos, haced lo que os salga las narices", aunque reconozco que me aterra un poco esto de engrosar la familia, y bueno... es lo que tiene, ¿no?
  Lo peor es que ahora ha entrado un tercero en discordia, un gato negro y de facciones poderosas al que lo mismo le da la carne que el pescado, y que comparte su cariño con los dos, lo que ha añadido un toque de modernismo a este particular trío felino que ya es, muy a mi pesar, la comidilla del barrio. Suerte que los vecinos han sido bastante comprensivos y, aparte de alguna sonrisa forzada y no pocas coñas, todos me han dicho que no me preocupe, que ya veremos lo que hacemos con los gatitos.

Y eso me recuerda... que cuando llegue el momento ya colgaré fotitos de las criaturas y los pondré en adopción una vez destetados. Si alguno quiere una mascota cariñosa, obediente y, por qué no decirlo, un poco fulanilla, ya hablaremos cuando llegue el momento.

Un abrazo y disfrutad la semana, que me voy a por mis padres, aunque antes, tres mensajes (bueno, cuatro):

-Shei, aún no he podido leer el guión, ya te comentaré en cuanto pueda.

-Hellen, la has clavao con los Aristogatos: esto es la versión real para adultos y sin censura... Y no veas cómo jaman los gatos, puñeteros! El día que aparezca el gato gordo para tocar la batería me mudo.
Por estas.

-Gadi, me encantó tu historia del embarazo doble. En serio, me ha llegado al alma más de lo que crees, jajaja.

-Anna, siento lo del comentario, la verdad es que blogger anda un poco tonto y a mí me pasó el otro día en el blog de rebeca. Ahora grabo y compruebo, por si las moscas, sea como sea, ¿cómo que no era importante? pa mí todo lo que ponéis aquí es importante, qué leches. Y ná, puedes poner fornicio, si publica mis burradas no creo que se vaya a asustar por eso.

Lo dicho, un abrazo y disfrutad la semana

sábado, 7 de mayo de 2011

Noche de perros, finde de gatos.

Creo que, para rendir homenaje al espíritu del blog, a partir de ahora voy a darle una forma un poquito más literaria al texto, que siempre lo hará más ameno.
Pues al lío...

 (Basado en hechos reales)

  El viernes fue... diferente. Chihiro llevaba dos días en celo, la casa se me seguía cayendo encima por aquello de la limpieza y, para colmo, la gata había descubierto una nueva forma de escapar de casa a través del albaricoquero: Subiendo a la tapia y pasando de chalet en chalet como quien hace zapping una noche de sábado en pleno agosto. Por si esto fuera poco, mis padres estaban a punto de llegar, y la relación de mi madre con los gatos nunca ha sido envidiable precisamente, a menos que seas una de esas personas que envidia los males ajenos, que de todo hay en este mundo.

   Temeroso de perder al gato en una de sus correrías y decidido a cortar el problema de raiz, me dispuse a llamar a las clínicas veterinarias de la zona en busca de una solución.
Ja.
Poco podía imaginarme que iba a ser protagonista de una nueva versión del cuento de los tres ositos.
Así, sin ricitos de oro ni lazo rojo en el pelo pero con un cigarrillo doblado en la boca y olor a limpiamuebles en las manos, descolgué el teléfono.
-Sí, la cirugía de esterilización es mera rutina -me dijo la primera veterinaria, a la que llamaremos mamá osa-. Aunque al tener su gata siete años antes tendríamos que hacerle unas cuantas pruebas, ingresarla un par de días, hacerle placas, escáner, análisis...
-¿Y pasarle el antivirus? -pregunté, un poco escandalizado- ¿por si las moscas?
-¿Perdón?
-Nada, nada, que ya la llamaremos... si eso.

Pasé a la segunda llamada, al que llamaeremos el veterinario papá oso.
-Claro, hombre, claro -me dijo papá oso muy ufano-, sin problemas, si eso me traes al gato...
-Es una gata.
-Lo que sea, y le damos un corte y listos.
-Es una gata...
-Pues eso.
-Uhm... ¿y hay que hospitalizarla o algo?
-Nada, nada, en cuanto acabemos esperas a que se despierte o te la llevas en la jaula.
-¿En la jaula? Y yo que pensaba volver a casa cabalgando sobre su lomo -suspiré imaginándomelo con una pistola de silicona y gritando "¿a quién hay que cerrarle la almeja, a ella?" y yo, despavorido: "No, no, ¡A mi mujer no! Al gato, hombre, al gato". Con un escalofrío añadí:- Ya le llamaremos... si eso.

Y llegamos a la tercera llamada, la del osito.
-Sí, bueno, la cirugía se practica a las nueve, dejamos a la gata en observación con un suerillo para que se recupere y a eso de las cinco o siete  pasa usted a recogerla.
Me sorprendió su respuesta.
-¿Y ya está? ¿Así de razonable? ¿Seguro que no olvida algo raro?
-¿Perdón?
-Pues que si tuviera que elegir, me comería su sopa... Pues nada, el lunes le llevamos al gato, muchas gracias.
Me despedí muy tranquilo y satisfecho, y así quedó la cosa.
Todo estupendo.
Ja.
Hasta la noche, claro.

  Patry llegó a casa a eso de las siete de la tarde, justo a tiempo de pillarme con dos copas en el cuerpo y navegando en calzoncillos a bordo de un yate. Eso sí, que nadie se asuste, no era yo quien navegaba en calzoncillos sino el prota de un videojuego (no me miréis así, después de salvar al imperio de Antaloor con armadura pesada, el pobre héroe se merecía un crucerito en gayumbos, aunque sólo fuera por aquello de airearse). Eva miraba al patio, preocupada porque Chihiro no aparecía por ningún lado, y Patry se sumó a la búsqueda, a la que me terminé integreando porque hasta yo tengo un límite a las horas que puedo pasar con un mando de xbox en la mano y navegando en calzoncillos. Además, la conversación con Shei duró menos de una hora, así que tenía tiempo que perder cazando gatos, aunque fueran míos.

 Este no tiene miedo de que se le escape el gato.
Basta con que la puerta de su casa 
sea discretamente más estrecha que el Arco del Triunfo.

   Rodri y Silvya llegaron a las doce y media. Y no, el gato seguía sin aparecer. De nada había valido dar la vuelta a la manzana con un sobre de pollo y cordero con zanahorias en la mano ( Bueno, sí, valió para que una vecina cerrara todas las persianas de su casa a mi paso por la calle, pero eso es un mal común: Los primeros meses en la casa nueva la poli me seguía hasta la puerta de mi casa, y las señoras agarraban el bolso como si les fuera la vida en ello. Snif snif, con lo majo que soy...).  A eso de la una empezamos a escuchar maullidos descontrolados y chillidos de rabia, lo que viene siendo el equivalente gatuno a "Hola nena, eres muy guapa, ¿me das tu twentty?". Así que desistí de volver a ver a Chihiro con vida, me puse un vaso de ron por los viejos tiempos, me lo zampé de un trago y entré a terminar de responder blogs mientras Eva, Rodri, Patry y Silvya escuchaban la melodía de seducción digna de una peli europea de las guarras.
 Al rato el supergrupo volvió, así que salí al patio para encender la luz y, oh, sorpresas, Chihiro apareció al trote por la tapia
¡Albricias!
...Con el gato de Paco detrás.
No voy a perder tiempo explicando quién es Paco, baste decir que es un tío que nos hizo perder cuatro meses el año pasado en el negocio de comprarle su casa y que, en el último momento, por causas del destino, se echó para atrás.
  El caso es que ahí estaba mi pobre Chihiro, maullando desesperada, mirándome angustiada y soltando zarpazos a su pretendiente, y el gato, sin dejar de maullar "miaumewmaumiaumiau", que no se callaba ni debajo del agua, el puñetero, persiguiendo a mi pobre mascota.
  Estupendo, pensé, Paco me hace perder cuatro meses en la compra de una casa fantasma y su gato intenta violar a mi pobre Chihiro ¿Qué es lo siguiente? ¿Que la mujer me robe la termomix que no tengo? ¿Que el niño venga a cagar con sus amiguitos al baño? De coña.

  Y así, llevado por el frenesí del momento, con sobredosis de pelis de Charles Bronson y un cabreo del demonio, no dudé en coger un albaricoque verde del suelo y retar al felino macho:
-Tengo un albaricoque y no me da miedo utilizarlo -sí, sé que lo dije. Puede que también hiciera comparaciones de tamaño, aunque no me bajé los pantalones ni nada. No me miréis así, esto era un duelo de machos alfas: testosterona, ron y un albaricoque. Los elementos más típicos en toda tragedia griega.
El gato me miró y se lamió la pata delantera, el equivalente a "estoy a tres metros del suelo sobre una tapia y tú estás mu lejos, así que déjate de chorradas, calvo".  Y sí, tenía razón, ya que el albaricoque cayó como a medio metro del gato gracias a mi magnífica puntería y a mi pulso de Tom Cruise en Cocktail.
-¡Subite a la escalera! -me animó Danny en argentino, el muy salao,  que acababa de llegar y estaba disfrutando a lo grande de la situación.
Me subí a la escalera y el maldito gatodepaco se tumbó para alejarse de mi pésima puntería. Como si hiciera falta...
-¡Con la escoba! -me sopló Rodri demostrando que yo ya llevaba demasiados vasosencima, porque a mí no se me estaba ocurriendo ni una.
Y me tendió la escoba, que tuve que coger con el codo, porque a este paso, entre el cigarro, el vaso, la escoba y el asita de la escalera, ya hacía un rato que me había quedado sin manos.
Así la escoba y la acerqué, amenazador pero sin fuerza, al gato de Paco, que se ve que está acostumbrado a estas cosas, pues en cuanto la vió salió por patas.

Y este habría sido el fin, un final feliz en el que Chihiro baja al suelo y vuelve con nosotros, de no ser porque, la muy puñetera, haciendo honor a su naturaleza gatuna, salió por patas detrás del gatodePaco, y al rato nos dio un espectáculo para adultos sobre la tapia, ante mi mirada atónita de padre herido y el cachondeo generalizado de estos, que no era para menos.
  Finalmente mis amigos se fueron, Chihiro bajó lo suficiente para arañarme y demostrar que no quería entrar en casa, y yo me quedé un poco jodido. Vale, sí, duele un poco. Normal, ¿no? Pero ya eran las seis y teníamos sueños, así que dejamos que el gato durmiera fuera y subimos al dormitorio... hasta las nueve, que empezó a llover y, tonto que es uno, le abrí la puerta del jardín a mi gata mancillada (yyo que tenía grandes planes para ella) porque en el fondo uno es más tierno que la musiquita de Frijolito y quería que entrara a descansar.
  Ahora, después de todo el día con su noviete, ha estallado una tormenta y la puñetera está aquí, mirándome desde el regazo de Eva y prometiéndome con su guiño cómplice que se parece terriblemente al de la china de la entrada de anteayer, que si no fue ayer será otra, pero que en breve habrá gatitos, sí o sí.
Y bueno, me alegro por ella.
Menos mal que hay sitio en casa, porque me siento como ese actor al que tanto odio, Steeve Martin, en la peor película del mundo: El padre de la novia.
Y ahora creo que me voy a despedir porque... sí. Vaya. Parece que me ha metido algo en el ojo.
 Snif, snif.
Mi pequeña ya se ha hecho mayor.

Un fuerte abrazo y pasad una estupenda noche de sabado ;)

jueves, 5 de mayo de 2011

Realidad y ficción, relatos a medias.

   (Basado en hechos reales)



  Hoy ha sido un día especial, uno de esos días en los que un pequeño detalle, una chorradita sin importancia, hace que se os pinte en la cara una boba sonrisa de oreja a oreja, lo que, cuando se lleva un peinado como el mío, hace que el careto parezca un huevo cocido a punto de partirse por la mitad.
  Pero no nos pongamos melodramáticos.
  Acababa de salir, por aquello del destino, del estanco; de pelearme con el sorbe tarjetas (también llamado lector de tarjetas de créditos) y con la dependienta, una muchachita -al menos en su cabeza, porque a los ojos del mundo ya pasaba la sesentena- que tardó su buena media hora en cobrarme porque el aparatito, oh invento del demonio, oh tecnología futurista e inexplicable... estaba desenchufado.

  Así, con la media sonrisa del maldito cinismo, la bolsa con los winstones, que ahora llevan fotos que parecen sacadas de CSI y el bolso de telilla del Ahorramás cargado de pollo, fruta, verdura y zumo (maldito colesterol...), me dispuse a comprar una gatera o un cajón de arena para las... "cositas" del gato, como prefiráis, porque el anterior ya hiede a marisquería Baro y me da la impresión que está empezando a atraer a todos los walking dead del vecindario.
Suerte que estamos en España y la serie todavía no está a la venta.

  Así que nada, entro en un todo a cien y, con toda la corrección del mundo, que uno podrá ser lo mínimo que te dan si vas a una tienda de señores a comprar un treintañero con un billete de cinco y un botón de los de antes, pero sigue siendo un señor... ¿Por donde iba? Eso, sí, con toda la corrección del mundo me acerco a la dependienta, una ancianita oriental tan pequeñita y arrugada que casi estoy tentado de preguntarle si tiene Guizmos. En vez de eso le pregunto a la china (no a un guijarro chiquitito, sino a la señora dependienta, que presumiblemente procede de la antigua Manchuria y alrededores)
-Buenos días, ¿tiene gatera?
La buena señora, muy entrañable, me mira con una sonrisa.
-¿Gatera?
Tomo aire, porque soy mucho de tomar aire.
-Si bueno, un cajón para... la arena... del... ¿gato?
Asiente con la cabeza.
-Gato.
-Eso, gato.
-¿Gato?
Pausa que me tomo para recolocar las palabras en mi cabeza, y como uno no sólo es un señor y calvo, sino además un poco payaso, me pongo las manos en la cabeza en el símbolo universalmente reconocido como "orejas de gato" y me lío a maullar.
-Gato -repito después de la actuación y el consecuente descojone de la china.
-Aaaaaaah gato -repite ella también. Y luego, partiéndose la caja me susurra con un guiño cómplice- Ya lo sabía.
-Je je je -me río porque me acabo de quedar a cuadros.
Mientras, la buena señora, me saca una jaula de gatos y mete la mano dentro, señalando.
-Gatos -por si no lo he pillado.
-No... No... -niego- No -y van tres. Matemáticas avanzadas con literal espejo.
-¿No? -pregunta ella con la tristeza pintada en su rostro, de tal forma que me entran ganas de soltarle un beso en cada mejilla e invitarla a almorzar o algo, de maja que es la pobre.
-M...no -vuelvo a negar, aunque a punto de comprar la puñetera jaula para devolver la sonrisa oriental a ese rostro de (atención: TOPICAZO) flor de loto- Necesito un cajón... para el gato... para...
Y sí, me avergüenza reconocerlo, llegados a este momento y visto el buen resultado que me ha dado anteriormente, decido recurir a mis dotes dramatúrgicas de aveado jugador de "¿Quién soy?" o "mimic" O "Averigua qué puñetera película estoy intentadno que adivines por señas". No voy a narraros la escena, cada uno que se haga una imagen mental al gusto.
Y sí, volví a ponerme las manos en la cabeza.
Ja.
El caso es que la mujer vuelve a soltar una carcajada y... atentos al dato, en el colmo de la procacidad, me saca un cajón de arena para el gato, con su palita y todo... ¡y un rollo de papel higiénico"
-Qué cachonda -se me escapa entre dientes, aunque sí, vale, me estoy riendo.
-¿Cachonda? -me dice señalando el papel higiénico.
Me pongo colorado, vete tú a saber por qué a estas alturas.
-Noooo noooo-la corrijo-. Papel higiénico.
-Papel higiénico -repite con ese guiño cómplice al que es fácil acostumbrarse- Ya lo sabía.
Y ahora sí, cuando voy a pagar el maldito cajón, la señora sonríe, lo embute en una bolsa y me empuja la mano con el dinero.
-Regalo -me dice- Mu guapo tú -y se ríe.
Me voy de la tienda con esa sonrisa de oreja a oreja que ya os comentaba antes, porque si esto no es para alegrarte el día, entonces es que la cosa está muy chunga.
Un abrazo para todos los que también me alegráis cada día con vuestros comentarios.
Os dejo con un pequeño poema de Gustavo, no el reportero más dicharachero de Barrio sésamo, sino Adolfo Bécquer:

"Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma al sol:
Hoy la he visto... ¡La he visto y me ha mirado!
Hoy... creo en Dios"

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lupis, hominis et marujae (De lobo, hombre y marujo... o algo así)

  Últimamente estoy de un brasa que tiro de espaldas, así que esta entrada va a ser cortita. Resulta que mis padres vienen el lunes y Eva tiene doble turno, así que, como es de ley, me ha tocado adecentar la casa, que sí, está limpia, pero uno quiere impresionar a la mamma (así, en mayúsculas y en italiano... parece de Sicilia, la querida señora). ¿Qué pasa? ¿Creíais que las mujeres erais las únicas con este tipo de traumas? Pues no, hijas, no, aquí uno tiene su orgullo de marujo y quiere que todo esté impecable.
  El caso es que, después de hacer los dos patios, el garaje y el piso de arriba (el de abajo lo dejamos para mañana, que ya estoy guarnío, o guarnido, o hecho polvo, cómo prefiráis), me he dado cuenta de que he llegado a un montón de conclusiones y de que tengo mensajes para todo quisque:

Conclusiones:

Este no tenía problemas de limpiar su casa, ay, qué tiempos...
Aunque por el bicho arácnido metálico y el pibón futurista
creo que es más de un cómic de los años 2o 
que una representación histórica...

1.- Por mucho que creáis que las pelusas han desaparecido gracias a vuestro buen hacer con el trío Escoba (1D20+1 crítico por fricción extranjera) Aspiradora (FUExD4+3 crítico por viento chupóptero) y Fregona (1D10 pifia por humedecer las pelusas y dejarlas pegás en el marco de la puerta, de donde salen a traición cuando menos te lo esperas, especialmente cuando hay vecinos en casa), las pelusas NUNCA DESAPARECEN, simplemente buscan garitos alternativos de reunión clandestina desde el que comandar un nuevo ataque para invadir nuestras casas. 
En esta ocasión estaban todas en el garaje, las muy putas. Para más señas debajo del tatami (bueno, vale, es una plancha de corcho, peeeero hace las veces de tatami) 


 No os fieis de su aspecto amable y entrañable:
¡¡Estas pelusas han venido a quitarnos el trabajo!!

2.- Da igual el tiempo que haya pasado o la estación del año: la gata siempre se pone en celo cuando vienen a casa tus padres o tus suegros (lo que significa maullidos intempestivos, rozarse con todo lo que se mueve y ponerle el culo hasta al Sr. tortuga, que ya ha aprendido a huír del gato, angelico mío). Básicamente es como vivir con Yola Berrocal pero sin problemas para los alérgicos al látex.    

3.- No importa las veces que hagas la compra ni la de listas que hagas, concienzudamente, en casa, se te va a olvidar ESO que para tus padres es taaan importante, como tú sabes perfectamente. ¿Que a qué me refiero? Pues se me ha olvidado, ¿es que no leéis o qué?

4.-Por mal que lo hagas, siempre habrá algún hermano que lo hará peor (sí, mi madre es un cielo pero es un poquito como Githa Ogg, uno de los personajes de Prattchet, que va cambiando el lugar de las fotos de sus hijos según preferencias, pues eso). Esta es buena.

5.- Jódete Murfy, no voy a limpiar los cristales hasta el último día, puedes llover lo que quieras.

6.- Hay que ver lo sexy que se pone uno con el mocho, el pañuelo en la cabeza pa las telarañas, el delantal, los trapos en los pies y sudando como una estatua de cera en el Paris Dákar.
 Espero que sepais captar la ironía.

Esta sí estaba sexy, claro, pero es que eran otros tiempos... 
No había fregonas... Ni aspiradoras... 
Ni vergüenza, vaya, 
¡Como coja al que da el consejito le iba a dar de leches!

7.-Las pelusas no están solas, han encontrado un nuevo aliado: los pelos de gatos. ¿Alguien sabe cómo deshacerme de ellos? He intentado con aspiradora, cepillo de pelusas, rodillo adhesivo y cepillo de gioma, y lo único que he conseguido es que se mosqueen y me aten a la butaca del ordenador.
¡Socorro!

8.- ¿La nevera huele peor o es cosa mía?

9.- Como no podía seer menos, acabo de encontrar la caja con las sábanas de franela. Je, poco más y la encuentro en agosto...


Mensajes.

1.- A Sheila: La casa está limpia. Ejem. Ejem. Y sí, sigue funcionando el antiavispas: Las avispas se acercan, se quedan unos segundos hasta colocarse, se pillan el subidón y se van al a la Punta, a Argüelles, al Aquarella, al Inem o a dónde sea que se vayan las avispas a hacer botellón. Se me está poniendo una cara de camello que tira de espaldas, malditos viejos hábitos... Sólo espero que ninguna de esas avispas sea un policía secreta disfrazado jejeje. Me estoy viendo a mi edad y pillado por los brigadillas por endrogar a los bichos.

2.- A Sylvia (que sé que lees aunque no digas nada): Ná, no te preocupes, mis padres se van pal viernes, así que tendremos fiesta por todo lo alto el finde que viene... Mwahahaha

3.- A Gadi: Quilla, ahora sí: necesito un consejo de belleza para la piel seca y agujereada por arañas. Lo mal que se han tomado que las deshaucien, las muy puñeteras. Estoy en tus manos, o, cómo decía ese viejo anuncio...
¡¡Gadirroja, te necesito!!

4.- A Titahellen: Al final tenías razón: lo de amaestrar arañas para que se zampen a los mosquitodocus no era buena idea, vale que tengo la despensa limpia, pero me han frito a bocaos las muy puñeteras. Vamos a tener que optar por la guerra bacteriológica. 
Y no, no estamos bromeando.
¡¡Que alguien me pase el teléfono rojo!!

Tiembla, Spidey, con la de arañas que me han picado hoy, es cuestión 
de tiempo que antes o después te salga un rival:
¡¡El increíble calvo que araña!! 
No, espera, voy a tener que currarme mejor el nombre...

5.-A Rebeca: Ahí tienes un tema para uno de tus maravillosos escritos: La furia de la batalla interior del genio limpiador en oposición a la maquiavélica la mugre y la roña sistemática, villanos reinantes que hacen su esfuerzo contrarrestador pululando y aumentando en los rincones para frustración de nuestro anti-héroe. Si esto no es dolor, aunque sea dolor de marujo, no es nada. 
Ays... quién me mandaba a mí hacerme amo de casa...

6.- A Anna: Joer, y pensar que me he estado friendo bajo el sol mientras limpiaba los patios, y por allí debe hacer un fresquito más rico... Así que en Alemania, ¿eh? De Erasmus? ¿Trabajando? ¿Eres Alemana, perdón, alemana (es que impresiona que esto se haya puesto tan internacional y se me escapan las mayúsculas)? ¿Te apetecía? Bue, no te frío a preguntas, pero me encanta que te explayes en los comentarios, puedes coger todo el espacio que quieras. Por cierto, mi hermana lleva años en Stutgart, se casó con un teutón (que para los que no lo sepais significa alemán, no señor con amplias glándulas mamarias) Y dos días antes de mi boda se quedó embarazada y tuvo un pequeño Fritz, aunque se llama Diego por aquello del bilingüismo. Una monada, el crío, aunque como buen alemán es imposible distraerlo cuando está concentrado en algo, ya sea la contemplación del mundo mecánico dedsde una perspectiva intrusista o Pocoyó.

7.- A Pedro: Tío... Que la historia te enseñe a aprender de los errores del pasado y no te veas nunca en esta situación: No dejes que vengan los padres o los suegros a casa si tu mujer tiene doble turno, que luego pasa lo que pasa... 
Y gracias por los comments, la verdad es que estoy intentando llevar esto al día, y mola, aunque se me están poniendo los antebrazos como a Pocoyó... no, espera, como a Popeye, que me he confundido. Un abrazo, tío, y lo dicho, cuidao con las fechas de las visitas.

8.- A patri: Eeeoeeeh! ¿Sigues viva? ¿Estás bien? Ay, desde que te sacaste novio no sé nada de ti, snif snif.

9.-A Marta: Y tú al revés que Pedro: Para el futuro, aprende a escaquearte el día que vengan tus padres o los de Alex, en serio, en serio, en serio: merece la pena. 
Oh, sí...
Y sigo empeñado en oírte cantar, y para ello he elaborado un plan en tres partes, la primera es ganar dinero, la tercera, contratarte en mi palacio de la Ópera. 
la del medio es la que no tengo tan clara, pero todo se andará...

10.- A Mai (Haciendo amigos) ¿Por qué las Brönte la liaban tanto con todo esto de ocuparse de la casa? No, en serio, eran muy quejicas, un pico y una pala les habría dado, y nada de páramos donde abismarse, carretera y manta, sí señor... ^_~
Por cierto, siguen desconvocando concursos así, por la feis, sin avisar siquier, va a haber que hacer algo. Uhm... 
Rápido, ¡al Libromóvil!
Sí, creeo que doce horas liado con abrillantadores, limpiadores, lejías y desinfectantes tienen éste efecto...

11.- A Sonia: Tengo una pregunta para tu maravilloso cuestio-blog: ¿Por qué por mucho que nos guste algo, terminamos siempre hasta la misma chorra de ese algo? Ala, espero respuesta.

12.- A Waiau: reitero la importancia de llevar un pañuelo en la cabeza cuando vas a limpiar telarañas, lo digo por tus magníficos consejos sobre peinados. Aunque también podría seer un magnífico look para haloween, en mi caso parecía Fétido Adamas después de ir al gimnasio en la playa y listo para limpiar la cocina, pero eh! Puede valer... ^_~

13.- A Rhea. Niñaaaaa que sigo con ganas de leer tu blog o algo.  A ver si empiezas uno nuevo, aunque sea, que se echan de menos tus letras.

14.- A eva: gracias por seguir soportándome a pesar de mis chorradas ^_~

Ale un abrazo y gracias por llegar hasta aquí.

martes, 3 de mayo de 2011

Lomo y un prólogo muy especial.

   Hoy me he levantado de subidón. No voy a hablaros de la muerte de nadie, ni de ese teatro de marionetas representando el fallecimiento de Rasputin a mano de los bolcheviques; no voy a hablar de amenazas ni de pesar.

No.

  Hoy toca hablar de lomo y de libros. De lomo, porque siempre cumplo mis promesas cuando las hago en serio; de libros, porque corrigiendo por enésima vez antes de enviarlo uno de los muchos que tengo pendientes por publicar, me he dado cuenta de que no está tan mal. Y me ha dado un subidón. Y (otra vez y, vaya mierda de escritor) por eso, para celebrarlo, voy a colgar aquí el prólogo con una pregunta añadida: ¿Os llama la atención como para seguir leyendo?
 Asi que al lío...


Lomo a la sal, cortito y rico rico.


No tiene mucha historia, necesitamos:

-2 kg de sal gorda, mejor si es para hornear.
-Un trozo de cinta de lomo de 1 kg
-Aceite de oliva
-Ajo
-Perejil
-Orégano.
-Mezcla de pimientas.

-Metemos el ajo y el perejil en el aceite durante dos o más días. Luego embadurnamos bien la cinta de lomo con el aceite y la cubrimos de orégano y mezcla de pimientas.
-Ponemos la carne sobre una cama de sal de medio centímetro sobre una bandeja de horno y seguimos echando sal hasta que queda completamente tapada, como un iglú o una escena de la tundra esteparia.
-Encendemos el horno, cuidado a 170-180º y lo dejamos una horilla, más o menos (si vuestro horno es el fucking-king echadle diez minutos menos) hasta que la sal se resquebraje.
-Lo sacamos del horno y lo dejamos quince minutillos en la sal.
-Lo sacamos de la sal y lo dejamos diez minutillos para que se aclimate.
Y listos, rico rico y delicioso.
¿Los trucos? Dad el aceite en un masaje para que la carne se ablande un poco, no subáis la temperatura del horno, respetad los tiempos de descanso y, sobre todo: Cortadlo muuuuy finito y acompañadlo de unas patatas al horno o un puré.
Ya me dirás cómo sale la cosa, Anna, y por cierto, ese nava estaba que mataba, pero lo de los granos de la bala iba en serio: las balas se pesan en granos, el equivalente del peso de un grano de maiz, de la época, claro, porque los de ahora son tochismos. Sea como sea, gracias por los apuntes (mejorar, mejorar, mejorar...)




Un prólogo muy especial:
Oui-ja para ignorantes

Vale el nombre es otro, pero ya habrá tiempo de eso. Es un texto muy especial para mí, pues le tengo mucho cariño a los personajes de este libro. Sólo espero que os guste y que, dentro de poco, podáis leerlo entero y en la cama, que es como se disfrutan los buenos libros. Cruzad los dedos por mí u.U

Prólogo:
Madrugada



<<Mi padre decía que hay un momento del día en el que todas las ciudades son iguales. Puede que cambie la altura de los edificios o el idioma de los carteles, que las calles estén muertas o deambule por ellas un solitario autobús blanquiazul; que el calor sofoque el cemento de las aceras o el vapor emerja de las alcantarillas al entrar en contacto con el frío aire de enero. Los detalles son lo de menos. Shanghai, Amsterdam, Orlando, Nueva Delhi, Ciudad de El Cabo, Madrid, New York, Tôkio... Existe un momento, un latido en su pulso diario, en el que se convierten en facetas de un mismo espejo, como si no fueran más que enormes distritos de una misma y única urbe: La Ciudad, así, en mayúsculas.
Hay un momento en la madrugada en el que el cielo adquiere el color del mar en la tormenta, el sonido despierta ecos apagados en los edificios, el trino de los pájaros abandona su optimismo, convertido en una cacofónica letanía, y las barredoras comienzan su lento deambular por las avenidas regando los restos de la fiesta nocturna y ocultando, en su trascender errático, los vicios del vecino respetable. Un fugaz cuarto de hora en el que las rejas del metro inician su peregrinaje a las alturas, los rostros humanos se miran con el sueño insuficiente o atrasado reflejado en sus rostros, el alcohol se asimila en las venas dando paso al vago fantasma de la depresión, oculto el despertar del sol tras el horizonte de los edificios, muro impenetrable de rascacielos, ciudad que alimenta el miedo.
Es entonces cuando el pulso se ralentiza, cuando el sudor, a veces frío, a veces sofocado pero siempre pastoso, como de segunda mano, te recorre el espinazo. Y así llegan las depresiones, los remordimientos, los recuerdos más amargos de la última noche o de la última vida, que vienen disfrazados con el manto de la melancolía.
Tal vez algún día te des cuenta por ti mismo” solía decir el viejo al llegar a casa. Luego soltaba la pistola sobre la mesa de la cocina, compañera de la caja de cereales en la que yo practicaba la arqueología en busca del eterno regalito, ilusión diaria de un niño sin muchas expectativas; “la Ciudad es como un cáncer. Te come por dentro día tras día, reclamándote, hasta que llega el momento en que no puedes más”.
El viejo meneaba la cabeza, pesaroso, y se quedaba horas en silencio, como si estuviera buscando una excusa para seguir adelante. Entonces se levantaba y miraba el cuadrante. La semana siguiente le tocaba turno diurno, tal vez librara un par de días o quizá tuviera alguna cita: versión adulta de mi sorpresa en los cereales. Cualquier pequeña cosa era suficiente para hacerle gruñir una sonrisa y eliminar los restos de la melancolía de ese fatídico cuarto de hora de la madrugada. Después exhalaba un tenue suspiro tras el que solía añadir: “No trabajes nunca de madrugada, chaval. Hay cosas que es mejor no conocer de primera mano”. Suspiraba. Siempre suspiraba. “No es bueno estar ahí fuera cuando la Ciudad se muestra en todo su esplendor. Aunque esplendor no es precisamente la palabra que mejor la define”.
Si hubiera sabido que yo terminaría viviendo aquí, en La Ciudad, se habría sentido decepcionado. Aunque, parafraseándolo a él, tal vez viviendo no sea precisamente la palabra que mejor lo defina.

Mi padre era policía. Era un buen tipo a fin de cuentas, aunque durante muchos años ninguno de los dos tuvo demasiado claro que así fuera. Limpiaba, cocinaba, traía dinero a casa y rezaba sus oraciones. En resumen: se dejaba la piel para que los dos saliéramos adelante después de que mi madre desapareciera con la hija de su primer matrimonio, mi... hermanastra, el día de mi sexto cumpleaños. A veces el viejo se mosqueaba un poco y gritaba, o se bebía todo el contenido dorado de una botella de Wild Turkey y caía inconsciente durante todo el día. En ocasiones llegó a pegarme algún que otro coscorrón pero en su defensa diré que nunca fue inmerecido ni más duro de lo que el caso requería. Al fin y al cabo, si llegué a terminar el instituto fue gracias a él. Si siguiera vivo, estoy seguro de que removería cielo y tierra hasta encontrarme, aunque, entre nosotros, no le valdría de mucho. Además, ya hace mucho que murió: Una soleada tarde de mayo, dos policías en uniforme de gala se presentaron en mi casa para decirme que el viejo había caído en acto de servicio. Debía ser fuerte, seguir adelante, completar mis estudios... la policía me dejó una buena pensión. Un dinero que tenía que usar con cabeza.
Ja.
La cabeza me duró hasta que un par de tipos trajeados, enarbolando maletines como si fueran rifles de asalto, irrumpieron en mi casa arguyendo formulismos legales. Los abogados me arrebataron el dinero para llevárselo a su jefe, una mujerona de poca monta, aviesa y cruel, que durante muchos años había sido conocida, al menos en mi casa, por el nombre de “mamá”. Sé por los libros que muchos niños abandonados por sus madres guardan en el recuerdo el aroma de un abrazo, la calidez de un beso o la melodía de una nana. Mi recuerdo no es tan hermoso: una pensión reducida, apenas lo justo para pagar la comida, años de estudios sofocados para conseguir becas con las que pasar a la casilla siguiente y un encontronazo con mi hermanastra que casi acaba con los dos en comisaría.
Si el viejo hubiera levantado la cabeza se habría liado a tiros hasta con el gato.
Me perdonaréis si resumo toda la memoria de mi querida madre a la de la bilis subiéndome por la garganta y mis propias uñas en un puño, clavándose en la palma de mi mano. Todas esas frustraciones me parecen tan lejanas ahora... Supongo que algo bueno tendría que tener lo de vivir aquí.
Pero me estoy dando cuenta de que soy un maleducado. Os acabo de soltar todo el rollo y ni siquiera me he presentado. Malos modales, malos modales. Perdonadme. Mi nombre es Steeve, o al menos eso creo. Tal vez fuera Estephan, Stewie, Esteban o Estéfano. A veces me cuesta recordar de dónde narices soy, así que espero que os valga con Steeve, así, con doble e; me parece lo más correcto. En cuanto a cómo soy... buf, nunca he sido demasiado bueno con las descripciones, tened en cuenta que en mi adolescencia no había facebook, ni tuenti, ni fotolog ni twiter.
Así que... Dejadme que piense... ¿Recordáis al hombre Marlboro? ¿Ese tipo del viejo anuncio con cara de duro, cuarentón, vestido de cowboy, con su sombrero vaquero, sus botas de montar y fumando un cigarrillo en un territorio de hombres? Pues bien...
...yo soy la voluta de humo que sale del cigarrillo.
No, no es una metáfora. Soy lo que, a falta de una palabra mejor, podríais llamar un fantasma.
Este... ¿Bu?>>

Y hasta aquí puedo leer. Espero que os haya gustado y la cosa vaya pa alante... buena semana y gracias por llegar hasta aquí. Oh, y por favor, sed sinceros, se agradecen las críticas, constructivas y destructivas también, hoy estamos que lo tiramos...

lunes, 2 de mayo de 2011

Otro relatillo: Colt 45

 Es un poco mangui, pero ando cortillo de tiempo, el final me hace gracia y, bueno... Espero que os guste.
 Pooor cierto, Anna, prometo subir el lomo a la sal el miércoles a más tardar. Es que quiero probar una genialidad... Ya os contaré.

Colt 45

 

  Joder... Me... me muero –lo dijo a media voz, cansado, como si yo no lo supiera, como si yo no fuera la culpable de los diecisiete gramos de plomo que habían atravesado su pulmón izquierdo dejando un clavel sangrante en el pecho y un muñón retorcido y pulsante en su espalda.
No pude menos que sonreír, algo estúpida, lo sé, y dejé caer el colt 45 sobre la alfombra del salón. No era el arma que yo habría elegido para este tipo de trabajo, demasiado grande para mis delgados brazos. Aún me dolían los hombros y el pecho allí donde el retroceso había descargado su furia. Mañana iba a tener agujetas, aunque claro, podría ser peor. Lo miré a los ojos. El pistolón hizo un ruido sordo al caer sobre los casi dos kilos y medios de alfombra persa de doscientos cincuenta hilos por centímetro cuadrado.
¿Por qué? –me preguntó.
Me arrepentí al momento de haberle disparado en el pecho en vez de haberle saltado la tapa de los sesos. ¿Es que no pensaba callarse nunca? Estuve tentada de recoger el revólver y volver a disparar para acabar con el chapurreo incansable y cansino de sus preguntas, pero los brazos me dolían demasiado. Opté por el cinismo como mejor respuesta.
¿Por qué? –me burlé– Una bala de 250 granos acaba de atravesarte el pecho de lado a lado, cariño –le expliqué con paciencia–. Supongo que será por insuficiencia respiratoria. Aunque puede que te haya alcanzado en la aorta. En ese caso será desangrado.
Pero no era esa la respuesta que él esperaba, los dos lo sabíamos, igual que sabíamos que no iba a dejarlo pasar, así que de nava valía que me hiciera la sueca.
¿Por qué... lo has hecho? –Precisó.
Mientras hablaba, la sangre que gorgoteaba entre sus labios explotó hinchándose en fascinantes burbujas. Me quedé mirándolas un rato, anonadada, ajena a todo aquello que no fuera el hincharse y explotar de esos rojizos globos aerostáticos
¿Uhm? –musité, demasiado maravillada por el espectáculo como para hacerle caso.
Siempre te fui fiel –siseó a duras penas–. Si… siempre… te amé.
Ahí estaba, la maldita baza sistemática del siempre te amé. Como si la jodida frasecita significara algo, por no hablar de su concepto del amor… una obsesión en el mejor de los casos, y bastante insana, además. ¡Argh! Me entraron ganas de darle una patada, de decirle lo que yo pensaba de su idea del amor, pero una vez más, se negó a escucharme:
Ya estaba muerto.
Se había muerto en el peor momento, capaz de abandonar la vida con tal de no escucharme, el muy bastardo, así que hube de guardarme mis pensamientos para mí. Total, de todas formas nunca había sido especialmente bueno escuchando. Tal vez eso explicaba por qué se había empeñado en comprar el colt 45 a pesar de mis protestas contrarias a las armas, tal vez eso explicaba por qué veía el fútbol todos los domingos y por qué, maldito sea incluso en la muerte, se dejaba siempre abierta la jodida tapa del puñetero váter.


(c) Rafa del Río 2o11